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El Conocimiento de Dios (Lec. 10)

Cuando J.B. Massillon se levantó para pronunciar la oración en el funeral de Luis XIV, su primera frase fue: "Solo Dios es grande". También Lutero dijo una vez a Erasmo que sus pensamientos acerca de Dios eran muy humanos. Una vez una persona criticó a cierto predicador porque no había presentado a Dios lo suficientemente grande. Nosotros creemos que esta es una falta común en el ministerio en nuestros días: No hacemos a Dios lo suficientemente grande en nuestra predicación. Dios es grande, incomprensiblemente grande, en cada uno de sus atributos. El salmista dice que "Grande es el Señor nuestro, y de mucha potencia; y su entendimiento es infinito" (Sal. 147:5).
El conocimiento de Dios es llamado comúnmente su Omnisciencia, lo cual significa que Su conocimiento es universal, que alcanza todas las cosas, todas las personas y todos los eventos. En este punto, el contraste entre Dios y el hombre es muy marcado. El conocimiento del hombre es muy pequeño, su comprensión ha sido entenebrecida por el pecado. Comienza su carrera terrenal casi en completa ignorancia y después de toda una vida de estudio, termina no conociendo nada como debería conocerlo "Y si alguno se imagina que sabe algo, aun no sabe nada como debe saber" (1 Co. 8:2). Mientras en este mundo los más sabios de los hombres difícilmente pueden darle vuelta a la primera página del libro del conocimiento. Y el más inteligente de los hombres es el que más se da cuenta de su ignorancia. Es el tonto quien piensa que lo conoce todo. Por otra parte, lo más valioso es la verdad, y la mayor estupidez es la ignorancia de los hombres respecto a ella. La verdad acerca de Dios y de las cosas eternas es lo más valioso de toda la verdad, y en este renglón es donde la ignorancia del hombre es más evidente que en ningún otro aspecto. La verdad moral y espiritual es oculta a los ojos de los sabios y los entendidos, y es revelada a los niños (vea Lc. 10:21). Dios ha enloquecido la sabiduría de este mundo con respecto a las cosas espirituales. El mundo a través de su propia sabiduría no puede conocer a Dios. "¿Qué es del sabio? ¿Qué del escriba? ¿Qué del escudriñador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Porque por no haber el mundo conocido en la sabiduría de Dios a Dios por sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación" (1 Co. 1:20-21). Para ser sabio cada hombre debe llegar a ser primero un tonto. Así es, primero debe renunciar a sus propios razonamientos y aceptar la revelación de Dios acerca de las cosas espirituales.
Pablo predicó el evangelio a judíos y a griegos por igual; al prejuiciado judío natural le pareció un escándalo, y al orgulloso griego natural le parecía una locura (vea 1 Co. 1:23). Antes de que ellos pudieran ver la sabiduría y el poder de Dios en el Evangelio de Cristo, ellos tenían que ser llamados por el Espíritu Santo, y que a través de este llamamiento sus mentes fueran iluminadas, de esta manera el evangelio no quedaría oculto de ellos (vea 1 Co. 1:24, 2 Co. 4:4, 6).
El entendimiento de Dios es infinito (vea Sal. 147:5). La lectura en el original dice, "Y de su entendimiento no hay número". Es decir, los objetos del conocimiento de Dios están muy lejos de poder ser contados. La mente de los hombres no tiene una línea que pueda lograr comprender el conocimiento de Dios. David escribió acerca del conocimiento de Dios y, después de unas pocas líneas dijo: "Más maravillosa es la ciencia que mi capacidad; alta es, no puedo comprenderla" (Sal. 139:6).
"Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos" (Sal. 139:2). Dios nos observa cuando nos sentamos a meditar y cuando nos levantamos para continuar con las actividades de la vida. Y el sabe los pensamientos que controlan todos nuestros caminos. El sabe nuestros pensamientos aún antes de que nosotros los conozcamos. Antes de que un pensamiento sea nuestro, éste es previsto y preconocido por Dios. El Señor dijo de Israel: "... Porque yo conozco su ingenio, y lo que hace hoy antes que le introduzca en la tierra que juré" (Dt. 31:21). Dios conocía cuáles serían sus pensamientos y acciones antes de que El los introdujera a la tierra de Canaan. Cristo sabía cuáles serían los pensamiento y las palabras de Pedro, y profetizó que él le negaría (vea Lc. 22:31-34).
"Mi senda y mi acostarme has rodeado, y estás impuesto en todos mis caminos" (Sal. 139:3). Dios conoce nuestro andar y nuestro reposo. El nos conoce cuando estamos despiertos y cuando estamos dormidos. "Pues aun no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda" (Sal. 139:4). Dios conoce todo nuestro hablar. El sabe cuando los hombres toman su nombre en vano, y ha declarado que dejará a tal hombre sin culpa. "No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano" (Ex. 20:7). El sabe cuando los hombres rechazan Su palabra y "encuentran divertido" lo que El ha causado que sea escrito. Y él escucha los suaves murmullos tan bien como los más fuertes clamores. Los hombres hablan en susurros cuando desean ocultar sus palabras, pero Dios puede oír sus susurros, sí, aún los murmullos de nuestros corazones.
"Detrás y delante me guarneciste, y sobre mí pusiste tu mano" (Sal. 139:5). David se sintió a sí mismo rodeado por Dios. Ciertamente, ¡No hay forma de escapar de Dios! El está detrás de nosotros llevando registro de cada uno de nuestros pecados; o en su gracia borrándolos en Cristo. El está delante de nosotros conociendo todos nuestros actos, y proveyendo para todas nuestras necesidades. Dios es como una cárcel de castigo para los malvados; y como un lugar de reposo para su cansado pueblo. Toda persona tendrá que tener tratos con Dios, así que "... prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel" (Am. 4:12).

¿CÓMO CONOCE DIOS?

1. Dios no tiene un conocimiento adquirido. Su conocimiento no es el resultado de la observación, de la consulta o del estudio laborioso. Dios no tiene que esforzarse para conocer. En el hombre, el conocimiento requiere de mucha labor; en realidad, todo el tiempo de vida de los hombres, es un tiempo de Escuela (es un tiempo de aprendizaje).
2. El conocimiento de Dios no se incrementa. El no conoce más ahora de lo que conocía siglos atrás. Su entendimiento es infinito desde la eternidad. El siempre ha tenido un conocimiento perfecto de todas las cosas. Dios no necesita inscribirse en ninguna Universidad de los hombres. Con Dios no hay días de escuela.
3. Dios conoce todo en forma natural. La omnisciencia pertenece a su peculiar naturaleza divina; esta es una de sus perfecciones personales. Calvino definió la omnisciencia como: "Aquel atributo por el cual Dios se conoce a sí mismo y todas las cosas en un eterno y simple acto". "Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?" (Ro. 11:34). Todo el conocimiento de Dios es directo y sin ningún intermediario.

LOS OBJETOS DEL CONOCIMIENTO DE DIOS

1. Dios se conoce a sí mismo. Las criaturas racionales están dotados por Dios con la capacidad de conocerse a sí mismas. Aún los hombres caídos conocen algo acerca de sí mismos, de la composición de sus cuerpos, y de las facultades del alma. Y si las criaturas conocen algo de sí mismas, entonces el Creador, cuyo entendimiento es infinito, debe conocerse a sí mismo perfectamente.
Además, hay un conocimiento perfecto entre las tres personas de la divinidad. El Espíritu Santo conoce la mente de Dios, y puede interceder por los santos en conformidad con la voluntad de Dios "Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones, sabe cuál es el intento del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios, demanda por los santos" (Ro. 8:26-27). Jesús hablando de Dios el Padre dijo: "Y no le conocéis; mas yo le conozco; y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra" (Jn. 8:55).
2. Dios conoce su creación. El conoce todo en la naturaleza. "El cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres" (Sal. 147:4). No cae a tierra un pajarillo sin Su conocimiento y consentimiento.
Dios conoce todo en la esfera de la experiencia humana. El conoce los pensamientos de los hombres, los caminos de los hombres y las palabras de los hombres.
"Delante de los hombres, nosotros estamos de pie como una opaca colmena con sus abejas. Ellos pueden ver que los pensamientos entran y salen de nosotros, pero no pueden decir qué clase de trabajo hacen ellos en el interior del hombre. Delante de Dios nosotros somos como una colmena transparente, y El puede ver y entender perfectamente todo lo que nuestros pensamientos están haciendo dentro de nosotros" (Henry Ward Beecher).
Dios conoce los actos de los hombres. Los hombres pueden ocultar sus actos unos a otros, pero ellos no pueden ocultarlos de Dios. Ningún ojo humano vio cuando Caín asesinó a su hermano Abel, pero Dios testificó del crimen. Acán no dudó en pensar que había cometido el crimen perfecto cuando robó el lingote de oro y lo ocultó enterrándolo; pero Dios lo puso al descubierto y mandó al profeta Natán a decírselo; "¡Tú eres aquel hombre!" (2 Sm. 12:7). No hay pecados secretos para Dios; todas las cosas están desnudas y abiertas ante los ojos de aquel ante quien tenemos que rendir cuentas" Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta" (Heb. 4:13).
Dios conoce las tristezas y las pruebas de su pueblo. "Y dijo Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues tengo conocidas sus angustias" (Ex. 3:7). Digamos nuestras tristezas a nuestro Padre celestial, porque "No hay herida en la tierra que el cielo no pueda curar".
Dios conoce todos los eventos, presentes, pasados y futuros. El conoce todo el pasado y no olvida. "Porque el que demanda la sangre se acordó de ellos: No se olvidó del clamor de los afligidos" (Sal. 9:12). Aquí está un versículo para Hitler y para todos aquellos criminales de guerra. Es compasivo que podamos olvidar algunas cosas del pasado. Algunos hombres se obsesionan por el pasado hasta que se torna en algo enfermizo. Esta no es una actitud propia de un creyente. El debería olvidar todas aquellas cosas que han quedado atrás y extendiéndose para lograr aquellas cosas que están delante, esforzándose por alcanzar la meta del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (vea Fil 3:13-14). Hay perdón con Dios a través de la fe en su Hijo, y cuando Dios nos perdona, El no volverá a recordar nunca nuestros pecados.
Dios conoce el presente y el futuro. El conoce el futuro mejor de lo que el hombre puede conocer el pasado. El conocimiento perfecto de Dios acerca del futuro es ilustrado en cientos de profecías cumplidas. La profecía es el registro de eventos antes de que estos lleguen a ocurrir.

LA CONTEMPLACIÓN DEL CONOCIMIENTO DE DIOS

No hay mejor ejercicio para el alma que la contemplación de las perfecciones de Dios. Aquí se encuentra el secreto de toda verdadera piedad. El que vivirá piadosamente deberá ocuparse con pensamientos acerca de Dios.
"El impío aborrece la verdad del conocimiento de Dios. Ellos desearían que no hubiera testigo de sus pecados, ni tampoco nadie que escudriñara sus corazones y juzgara sus obras". (A. Pink)
Los impíos se equivocan al olvidar que Dios recuerda todas sus maldades, "Y no dicen en su corazón que tengo en la memoria toda su maldad: ahora los rodearán sus obras; delante de mí están" (Os. 7:2).
La contemplación del conocimiento de Dios debería llenar nuestras almas con una maravillosa adoración. ¡Cuán grande debe ser Aquel, el Único que conoce todas las cosas! Ninguno de nosotros conoce lo que un día le puede traer por delante, pero Dios conoce todo lo que tendrá lugar en el tiempo y en la eternidad.
El conocimiento infinito de Dios debería llenar a los hombres con un santo y reverente temor. Todas las cosas que los hombres piensan, o dicen, o hacen, son conocidas a Aquel delante de quien tenemos que dar cuentas. La meditación acerca de esta perfección divina será un poderoso freno para la testarudez de la carne. En los tiempos de tentación necesitamos decir como Agar hizo: "Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres el Dios de la vista; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?". (Gn. 16:13)
Ocuparse en el conocimiento infinito de Dios llenará a los hijos de Dios de humildad, adoración y alabanza. "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos!" (Ro. 11:33)
La verdad puesta delante de nosotros de ser un fuerte ánimo para la oración. No hay peligro de que nuestras peticiones no sean oídas, o que nuestros suspiros y lágrimas escapen al conocimiento de Dios. No hay peligro de que los creyentes individuales vayan a ser pasados por alto entre la multitud de suplicantes del trono celestial. Porque una mente infinita es capaz de poner atención a millones, aunque un solo hombre estuviera buscando su atención. Nuestras oraciones no peligrarán por algún uso inapropiado de lenguaje, porque Dios conoce los pensamientos y lee los intentos de los corazones.