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Comentario XI de Romanos 8:28

"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados"

Y sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien. De lo dicho anteriormente deduce ahora el Apóstol que aunque las miserias de la vida retarden nuestra salvación, también nos sirven de ayuda. No es contradictorio esto, aunque no exista la palabra pues o alguna otra, sino mas bien el término también o más, porque San Pablo usa este modo de hablar.

Esta conclusión encierra también una anticipación, porque el juicio humano contradice esto al pensar que Dios no escucha nuestras oraciones porque permanecen nuestras aflicciones. El Apóstol dice, que si bien el Señor no nos socorre en seguida jamás nos abandona, convirtiendo para nuestra salvación lo que parece ser contrario a ella.
No obstante, si alguno prefiere interpretar esta idea aisladamente, como un argumento nuevo, por el cual San Pablo pretende demostrar que no debemos quejarnos de nuestras adversidades ni soportarlas con pena, porque ellas contribuyen a nuestra salvación, no lo discuto. Mas la intención de San Pablo es ésta: que aunque los elegidos y los réprobos sean por igual sujetos a males parecidos existe una gran diferencia, porque Dios sujetando por la aflicción a los creyentes busca la salvación.

San Pablo habla solamente de las adversidades, como si dijese que Dios gobierna de tal modo todas las cosas en la vida de los santos que lo que el mundo estima como perjudicial al fin aparece como provechoso. San Agustín dice que por una dispensación de la provincia de Dios, hasta los pecados cometidos por los creyentes les sirven de alimento contribuyendo a su salud, aun cuando esto no sea adecuado a este pasaje sobre la cruz. Notemos que el Apóstol entiende como amor de Dios toda la piedad, porque verdaderamente de El depende todo afecto y ejercicio de la justicia.

A los que conforme al propósito son llamados. Parece que estas palabras se han añadido como una corrección para que nadie piense que los creyentes, por el hecho de amar a Dios, obtengan como consecuencias las adversidades. Sabemos que cuando se trata de salvación los hombres empiezan gustosamente por ellos mismos y se imaginan no sé cuentan cosas por las cuales alcanzan la gracia de Dios. Por eso San Pablo ha dicho de quienes aman a Dios y le sirven que antes han sido elegidos por El. Es verdad que el orden de esto está expresamente señalado, para que sepamos que la adopción gratuita de Dios es la causa primera de la cual procede este bien: Que todas las cosas contribuyen a la salvación de los santos. Afirma que los fieles no aman a Dios sino después de haber sido llamados por El, como dice que los Gàlatas han sido conocidos de Dios antes que ellos le conocieran (Gàlatas 4:9). Confieso que la palabra empleada aquí es correcta, pues solamente a quienes aman a Dios las aflicciones son provechosas para su salud. Pero lo que dice San Juan es también verdadero (1 Juan 4:10) que comenzamos a amarle cuando El nos ha elegido antes por su amor.

La vocación a la cual San Pablo se refiere abarca mucho porque no es preciso restringirla a esta manifestación de elección, a la cual nos referimos después, sino que esta puesta como oposición del camino humano. Es como si San Pablo hubiese dicho que los creyentes no admiten la piedad y el temor de Dios por sí mismos, sino que son guiados por la mano de Dios al ser elegidos como su herencia particular.

La palabra propósito excluye expresamente todo cuanto se imagine acerca de que los hombres pongan algo de su parte, como si San Pablo dijese que la causa de nuestra elección está únicamente en la secreta y buena voluntad de Dios. Esto mismo se ve claramente aun en Efesios 1: 4-10 y en 2 Timoteo 1:9, donde se encuentra expresada la antítesis entre el propósito divino y la justicia humana. No cabe duda que San Pablo, al decir que nuestra salvación se funda en la elección de Dios, ha procurado abrirse camino para su afirmación siguiente, diciendo por la misma ordenanza celestial las aflicciones tienen por objeto hacernos conforme a Cristo, uniendo con un lazo fraternal la salvación y el sufrimiento de la cruz.