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Comentario X de Romanos 8:1

"Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu".

Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, Después de haber hablado del combate que los creyentes sostienen continuamente contra su carne, vuelve el Apóstol a consolarles muy necesariamente diciéndoles, que aunque el pecado los tenga sitiados todavía, están sin embargo, fuera del poder de la muerte y libres de toda maldición porque ya no viven según la carne sino según el Espíritu. Reúne tres cosas a la vez: la imperfección, de la cual siempre los creyentes se ven acompañados; la bondad y dulzura de Dios, que El manifiesta soportándola y perdonándola y la regeneración del espíritu, especialmente esto último para que nadie se envanezca y crea en prodigios, como si ya estado libres de maldición pudiera a gusto soltar la brida de su carne, como si el hombre carnal gloriándose, pero descuidando enmendar su vida bajo el amparo de esta gracia, así las conciencias de los creyentes, presas de temblor y espanto tienen en esto una fortaleza invencible, puesto que saben que mientras permanezcan en Cristo se encuentran fuera de todo peligro de condenación.

Trataremos ahora de explicar detalladamente estas palabras. Dice el Apóstol: andar conforme al Espíritu, no a quienes se hallan completamente despojados de los sentidos y afectos de la carne, de modo que su vida no manifieste sino una celestial perfección, sino a quienes luchan cuidadosamente por domar y mortificar la carne, de tal suerte que se ve en ellos cómo el amor reina por la piedad. Afirma que tales gentes no caminan según la carne, porque donde quiera exista un temor verdadero y sin hipocresía, él quita a la carne su soberanía aunque no consiga suprimir toda la corrupción.