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La Independencia de Dios (Lec. 8)

Dios es el único ser independiente, nosotros hablamos de personas ricas como seres independientes, pero en realidad ninguna criatura es independiente. El diccionario de Webster define la palabra independiente de la siguiente manera: "No dependiente; libre; no sujeto al control de otros; no dependiente de otros; no subordinado; autónomo; soberano; no sujeto a contingencias o condiciones, etc." Dios es el único ser a quien esta definición puede ser aplicada en forma absoluta.
La independencia de Dios no quiere decir que Dios no pueda usar sus criaturas para llevar a cabo su voluntad, sino simplemente significa que El no depende de ellas; no necesita usarlas. La expresión popular que dice "Dios cuenta con nosotros", le hace más débil que nosotros. Dios puede usarnos para adelantar su causa, pero lo que hace a través de nosotros, podría hacerlo fácilmente sin nosotros. Dios no recibe poder ni sabiduría de sus criaturas "porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿o quién fue su consejero? ¿o quién le dio a El primero, para que le sea pagado?" (Ro. 11:34-35).
Pablo dice que tenemos "este tesoro en vasos de barro, para que la alteza del poder sea de Dios, y no de nosotros" (2ª Co. 4:7). El evangelio es proclamado por labios de barro, pero el poder de la conversión no está en el hombre que habla, sino mas bien "con demostración del Espíritu y de poder; para que vuestra fe no esté fundada en sabiduría de hombres, mas en poder de Dios" (1ª Co. 2:4-5). La fe no es el resultado de la persuasión humana, sino que es el fruto del Espíritu (Ga. 5:22). El nacimiento nuevo no es el resultado de la voluntad humana, ni de la voluntad de la carne, sino mas bien de la voluntad de Dios (Jn. 1:13, Stg. 1:18). Para el éxito del ministerio Dios no depende del predicador; más bien es el predicador quien depende de Dios.

LA PARCELA ABANDONADA

Hay un relato acerca de un hombre que compró una parcela abandonada en Virginia, después de tres años de duro trabajo, por fin logró que su parcela produjera lo suficiente para cumplir sus necesidades. Un día le visitó su pastor y el campesino le mostró los diferentes campos que poseía y la buena cosecha que le producían. El pastor le comentó repetidas veces que parecía como si el campesino y el Señor fueran colaboradores en esta labor. Pero cuando el pastor estaba a punto de despedirse, el campesino le dijo: "Pastor, estoy de acuerdo con lo que usted dijo respecto a que el Señor ha colaborado conmigo en esto. Estoy de acuerdo con cada palabra, pero, solamente quisiera que usted hubiera conocido esta parcela cuando el Señor la estaba trabajando solito". Esta broma irreverente no debe ser usada en el púlpito para enseñar que Dios dependía del campesino para lograr una buena cosecha. La parcela abandonada no era un ejemplo de lo que Dios es capaz de hacer, sino mas bien, la retribución natural debida al abuso de lo que Dios ha creado. Los espinos y abrojos que habían crecido en la parcela abandonada eran una consecuencia del pecado humano. No hablaban de lo que Dios puede producir, sino de lo que el hombre pecador merece. Dios creó la tierra fructífera, pero el pecado trajo una abundancia de espinos y abrojos. La parcela abandonada no representa lo mejor de lo que Dios puede hacer. Dios usó al campesino para producir una buena cosecha, pero no dependía de él para lograrla.
Moisés advirtió a Israel respecto al peligro de decir: "Mi poder y la fortaleza de mi mano me han traído esta riqueza. Antes acuérdate de Jehová tu Dios: porque El te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día" (Dt. 8:17-18). También nuestro Salvador nos enseñó a pedir "Danos hoy nuestro pan cotidiano" (Mt. 6:11).
Debe existir alguna manera para predicar la verdad de la responsabilidad humana, sin fomentar el orgullo de la criatura y sin quitar a Dios de su trono. No debemos predicar una verdad a expensas de la otra, el hombre es una criatura responsable. El es responsable de hacer todo lo que Dios ordena. El hombre es responsable de trabajar por su pan cotidiano, pero después de haber trabajado, continúa dependiendo de Dios para obtener ese pan. Ningún hombre que puede trabajar, tiene derecho de esperar ese pan sin trabajar. Esto no es porque Dios no pueda proporcionarle el pan sin su trabajo, sino mas bien porque Dios no recompensa la flojera. El hecho de que Dios puede proporcionar comida sin necesidad del trabajo humano puede verse en el maná que caía en el desierto y en las aves que alimentaban a Elías.
Podemos amplificar más el tema de la independencia de Dios dividiéndola en dos partes: Su autoexistencia y su autosuficiencia.

DIOS ES AUTOEXISTENTE

Cada ser debe tener una base para su existencia, sea en sí mismo o fuera de él. La base de la existencia del hombre está fuera de él mismo; el hombre no es la causa de su propia existencia. El hombre depende de algo fuera de sí mismo para existir, pero Dios no es dependiente como el hombre. Sin lugar a dudas, la autoexistencia de Dios es incomprensible para nosotros, está más allá de lo que la mente finita puede percibir. Pero una persona autoexistente no es un misterio tan grande como lo es un universo autoexistente (y así Herbert Spencer y otros científicos modernos, sostienen la suposición de que el universo es autoexistente). Es más fácil ver que la materia es derivada de la mente, que afirmar que la mente es derivada de la materia.
La base de la autoexistencia de Dios no está en su voluntad, sino más bien en su naturaleza. La autoexistencia de Dios no es debida a una decisión de su voluntad, sino es que es parte de su propia naturaleza autoexistir. Su autoexistencia es natural y por lo tanto necesaria.

DIOS ES AUTOSUFICIENTE

Un ser autoexistente tiene que ser necesariamente autosuficiente. Dios es suficiente para su propio apoyo, gloria y felicidad "Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas" (Ro. 11:36). Dios contiene en sí mismo todas las excelencias, perfecciones y la felicidad.
Es muy importante distinguir entre lo que Dios es en su naturaleza esencial y lo que es declarado acerca de El en su creación. "Los cielos declaran la gloria de El" (Sal. 19:1), pero no le añaden nada. Los hombres deben atribuir gloria a Dios al comer y beber (1 Co. 10:31), pero esto no añade nada a su gloria, sino que simplemente es un reconocimiento y proclamación de dicha gloria. En Jueces 5:23 se refiere a aquellos que no vinieron en socorro a Jehová, pero esto no quiere decir que Dios necesitaba la ayuda del hombre, sino que simplemente es el deber del hombre el servir a Dios. En el Salmo 78:41 se dice que Israel limitó al Santo de Israel, pero esto solamente se refiere a su actitud de desconfianza. Ellos actuaron como si Dios fuera limitado en poder y no pudiera suplir sus necesidades en el desierto. Aún más, limitaron su autoridad, es decir, actuaron como si Dios no tuviera el derecho de exigir su obediencia; ellos mostraron que estaban disgustados con su providencia a través de sus murmuraciones. En el mismo pasaje se les acusa de haber tentado a Dios. Es decir, ellos actuaron como si Dios pudiera ser tentado y en su incredulidad, le pusieron a prueba.

DIOS ES BENDITO EN SU ESENCIA

En 1 Timoteo 1:11 y en 6:15 Dios es llamado el Bendito y el Bienaventurado, que quiere decir, esencialmente feliz o feliz en sí mismo. Esta felicidad no puede ser aumentada ni disminuida. El pecado amerita y recibe la desaprobación de Dios, pero no puede destruir su felicidad. La justicia en sus criaturas morales recibe su aprobación, pero tampoco añade nada a su felicidad esencial, ni a su gloria. Dios tenía una existencia feliz y gloriosa aún antes de que existieran sus criaturas, y permanecerá feliz aún cuando el infierno se haya llenado de los malvados. La felicidad descansa sobre tres hechos:
1. No existe ningún conflicto moral en Dios. Dios está en paz consigo mismo. En su sabiduría infinita, nunca tiene que afligirse por sus errores o equivocaciones, porque no hay tales. El es infinito en santidad y no conoce el remordimiento por el pecado. Hay tres personas en la divinidad, y ellas existen en absoluta unidad y armonía perfecta. La raza humana siempre está buscando la paz, pero la paz pertenece esencialmente a Dios. En Hebreos 13:20 El es llamado el Dios de paz. También cabe señalar aquí, que existe una completa armonía entre todos sus atributos "La misericordia y la verdad se encontraron: La justicia y la paz se besaron" (Sal. 85:10).
2. Dios no tiene ninguna limitación. Dios nunca llega al fin de sus recursos. Nunca tiene que enfrentarse con ninguna emergencia; no experimenta ninguna crisis. Nunca tiene que cambiar sus planes puesto que todos sus planes y propósitos son eternos. Su sabiduría hizo todos sus planes y su poder se encarga de ejecutarlos. Por los tanto, conocidas a Dios son todas sus obras desde la eternidad (Hch. 15:18). Nunca hubo un tiempo cuando Dios se preguntara a sí mismo ¿Qué puedo o qué debo hacer? El no tiene ningún laboratorio de experimentos donde aprenda lo que es mejor, porque El sabe naturalmente lo que es mejor. En todos estos puntos hay un contraste contundente entre el hombre y Dios. Nosotros nos encontramos frecuentemente en apuros, sin recursos, y desesperados. Estamos limitados en poder y sabiduría. Estamos limitados en cuanto al tiempo, pero Dios es el Rey de la eternidad. Cuando a José le hacia falta tiempo para terminar su obra, Dios le aumentó la duración del día. En la batalla de Waterloo, cuando Napoleón vio que las sombras de la noche estaban cayendo sobre su ejército derrotado, él dijo: "Oh que tuviera el poder de Josué para detener la marcha del sol tan solo por una hora".
3. La felicidad de Dios consiste de su santidad. El pecado destruye la felicidad. Fíjese en Adán y Eva y después de su pecado. No había nada que impidiera su felicidad hasta que entró el pecado. El pecado promete la felicidad pero no la puede proporcionar. El pecado es un engañador. El pecado significa romper con Dios, y puesto que Dios es la fuente y el origen de toda verdadera felicidad, entonces cuando el hombre rompió con El, perdió su paz y su gozo. Ningún en su estado natural como pecador tiene la paz y el gozo verdaderos, porque estos son frutos del Espíritu (Ga. 5:22). Aún el pueblo de Dios no será perfectamente feliz, hasta que sean completamente salvados, y esto no ocurrirá hasta que sean conformados a la imagen de Cristo en la gloria de la resurrección "Yo en justicia veré tu rostro: Seré saciado cuando despertare a tu semejanza" (Sal. 17:15).
Satanás proporciona una felicidad fraudulenta. El ha construido en este mundo un paraíso para los necios, quienes son sus víctimas. Pero el Dios bendito proporcionará para sus hijos, la felicidad genuina y eterna en un paraíso real y eterno. Su gracia nos ha saciado con la justicia imputada de su Hijo para nuestra justificación. Y también ha creado la sed en nuestros corazones para la búsqueda de la justicia personal, y esta sed será saciado cuando seamos glorificados. Esta es su promesa: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos" (Mt. 5:6). ¡Cuánto consuelo nos proporciona saber que algún día seremos tan buenos como queremos ser!