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Comentario IV de Romanos 3: 22

La justicia de Dios por la fe de Jesucristo, para todos los que creen en él; porque no hay diferencia.

La justicia de Dios por la fe de Jesucristo. El Apóstol demuestra en pocas palabras cuál sea esta justificación que reside en Jesucristo y es adquirida por la fe. Por tanto al mencionar directamente el nombre de Dios, parece decir que El es el autor de esta justicia y no solo quien la aprueba, como si dijese que procede de El solamente o que tiene su origen en el cielo, pero que es manifestada en Cristo.

Por eso, al tratar este asunto, conviene seguir este orden: primero, que nos demos cuenta que él y la decisión de nuestra justificación no depende del juicio humano, sino que se relacionan con el tribunal de Dios, en donde ninguna justicia es recibida y aceptada sino por la obediencia perfecta y completa de la Ley, lo cual podemos conocer con seguridad por las promesas y castigos que en ella se nos hacen; pues jamás encontraremos hombre alguno que posee santidad tan perfecta y, por tanto, comprenderemos que todos estamos desprovistos y desnudos de justicia. Después, es preciso anteponer a Cristo quien como El es solo justo, nos hace justos por medio de su justicia. Por tal cosa entenderemos que la justicia de la fe es la justicia de Cristo.

Así pues, para que seamos justificados, es preciso que la causa eficiente sea la misericordia de Dios; Cristo, la materia, y la Palabra con la fe, el instrumento. Por consiguiente, cuando decimos que cuando decimos que la fe justifica, es porque ella sirve de instrumento para recibir a Cristo, por quien la justicia no es comunicada. Después de haber sido hechos participantes de Cristo, no solo somos justos en cuanto a nosotros mismos, sino que también nuestras obras son reputadas como justas delante de Dios. La razón es que en toda imperfección, la pureza es borrada por la sangre de Cristo. Del mismo modo las promesas que estaban condicionadas se cumplen en nosotros por la misma gracia, en tanto que Dios remunera y recompensa nuestras obras como si fueran perfectas, porque su imperfección es borrada por el perdón gratuito.

Para todos los que creen en El. Para expresarlo mejor repite lo mismo con distintas palabras, para que oigamos mejor lo que ya habíamos oído, es decir: que solamente la fe es requerida, y lo externo no hace distinción entre los fieles y ni siquiera debemos preguntarnos si son judíos o paganos.