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Comentario I de Romanos 1:1

Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol apartado para el evangelio de Dios,

Pablo. Aun cuando el nombre de Pablo no sea muy importante como para detenernos largamente en su comentario, y teniendo en cuenta nada podemos añadir a lo dicho por otros expositores, guardaría yo completo silencio si no fuese porque puede contentarse fácilmente a unos y otros, y en pocas palabras trataré esta cuestión.

Quienes piensan en aquel Apóstol adoptó este nombre como un testimonio y recuerdo por haber ganado para Cristo, por su predicación, al procónsul Sergio Paulo (Hechos 13:7), son refutados por el mismo San Lucas, quien demuestra que el Apóstol antes de ese acontecimiento ya se llamaba así. Tampoco me parece verosímil que este nombre se le haya sido dado después de su conversión a Cristo. Es San Agustín quien sugirió, no por otra razón pienso yo que por la filosofar hábilmente, que por significar la palabra Pablo "pequeño" en latín dicho Apóstol se llamo así porque antes de su conversión fue un Saulo orgulloso y después fue un Pablo, es decir pequeño y humilde discípulo de Jesucristo

Más probable es la opinión de Orígenes, quien cree que San Pablo tuvo dos nombres uno verdadero dado por sus padres Saúl o Saulo; bastante común en su país, para manifestar la nacionalidad y religión a que pertenecía y, otro, Pablo, añadido por ellos como testimonio de su ciudadanía romana, deseando por tanto, que este honor muy estimado entonces no se oscureciese en él: sin embargo, ellos no lo estimaron demasiado como para borrar en su hijo la señal y el recuerdo de que pertenecía a la nación y a la raza judía.

En cuanto a que él haya usado más frecuentemente el nombre de Pablo en sus epístolas puede obedecer a que era el más conocido y repetido por las iglesias a quienes escribía, y mejor recibido y más agradable en las tierras del Imperio Romano, aunque fuera menos conocido en su país y en su raza. No es nada malo si él procuraba evitar sospechas de las que podía muy bien librarse por causa del odio que los romanos y los de las provincias sentían contra los judíos, absteniéndose de avivar también el odio de los suyos y buscar la manera de mantenerse por medios lícitos.

Siervo de Jesucristo. Se adorna con estos títulos para dar mayor autoridad a su doctrina. Esto lo consiguió de dos maneras: confirmando su vocación apostólica, y mostrando que por ella se relacionaba también con la iglesia romana. Una y otra cosa eran muy necesarias, es decir, el ser llamado apóstol por la vocación de Dios y su unión con la iglesia de Roma.

Después se dice servidor o ministro llamado al cargo de Apóstol, indicando que no tomo tal cargo sin razón. En seguida afirma que ha sido puesto aparte para confirmar mejor que no pertenece, como otros, al orden común Si no que es verdadero apóstol del Señor. En este sentido, antes descendió del término general en una clasificación más baja, pues el apostolado es una forma de ministerio distinto a todos cuantos tienen el cargo de enseñar, y que son llamados ministros o servidores de Jesucristo, porque los apóstoles tienen un grado de honor superior a los demás. Esta elección, acerca de la cual habla después, indica que tiene como objetivo y fruto el apostolado. Así demuestra brevemente la finalidad a la que fue llamado por esta vocación. Es por eso por lo que diciéndose ministro o servidor de Jesucristo se iguala a todos los doctores, y al atribuirse el título de apóstol se coloca sobre los demás. Pero, como si esto dependiera de sí mismo no le daría ninguna autoridad, advierte que fue ordenado por Dios. El significado correcto sería: Que Pablo es ministro de Jesucristo, como la mayoría, y apóstol por vocación de Dios y no por atrevida usurpación.

A continuación se encuentra más expresamente una declaración sobre el cargo de apóstol indicando que ha sido ordenado para anunciar el evangelio. No soy de la opinión de aquellos que relacionan la vocación, a la cual el Apóstol se refiere, con la eterna elección de Dios creyendo que, por selección o segregación, debe entenderse aquella por la cual San Pablo fue escogido, como Apóstol, desde el vientre de su madre, tal y como él en su Epístola a los Gàlatas lo dice (1:15), o aquella otra por la cual fue destinado a los paganos, dice San Lucas (Hechos 13:2); sino que, a mi juicio, él se gloría diciendo simplemente que Dios es el autor de su apostolado, y que nadie piense que usurpa tal honor por sí mismo. Debemos aclarar que no todos son idóneos para el ministerio de la Palabra, puesto que se requiere para ello una vocación especial y que, aun quienes se sienten muy inclinados hacia el mismo, deben guardarse de ejercerlo sin vocación. En otro lugar veremos cual es la vocación apostólica y episcopal.

Es necesario también notar que el cargo de apóstol se basa en la predicación del Evangelio; por eso deducimos cuán dignos son de burla los perros mudos que no poseyendo nada que los diferencie de los demás, a no ser sus mitras y cruces, y algunos otros disfraces, se vanaglorian, sin embargo, de ser sucesores de los apóstoles.

La palabra servidor significa únicamente ministro, porque se relaciona con el cargo. Digo esto para barrer la imaginación de aquellos que se complacen filosofando sobre la palabra servidor sin objeto alguno, figurándose, que existe en ella una antítesis entre la servidumbre de Moisés y la de Cristo.