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20 Siglos del cristianismo - XIX

JORGE WILLIAMS - EL CRISTIANISMO LAICO

Ya hemos visto cómo el Cristianismo en el siglo XVIII empezó a crecer, de tal manera que rompió los lazos convencionales que le habían sido impuestos; cómo el artesano se levantó a testificar del amor de Dios en el lugar donde sólo el ministro había sido admitido antes; cómo se predicaba al aire libre y no solo en el templo apartado para el culto; y cómo, sobre todo, el Cristianismo vino a comprenderse como asunto de la experiencia personal, dirigiendo su mensaje, no sólo a la cabeza, sino también al corazón de los hombres.

Por supuesto, este movimiento no tuvo resonancia en todas las iglesias protestantes ni mucho menos en las iglesias católicas, pero no cabe duda que es el fenómeno más digno de atención de este siglo y que modificó, hasta cierto punto, el mensaje de todas las ramas de la Iglesia cristiana.

El siglo XIX quedará en la historia, como un siglo de desarrollo admirable en todas las fases de la vida humana. En el campo político, la revolución norteamericana y la francesa, juntamente con las revoluciones de los países de las Américas del Centro y del Sur, contra los tiranos, libraron a los habitantes de estas naciones de las cadenas opresoras, como la Reforma había librado al espíritu europeo de la superstición y del oscurantismo. Nuevas partes del mundo fueron abiertas al comercio; nuevas invenciones y sistemas de producción facilitaron la vida e hicieron posible el ganar grandes fortunas. El mundo fue librado de sus costumbres anticuadas; la tradición no fue respetada más, y la institución sin utilidad cayó en desuso. Los que veían en Jesús a su Maestro y Salvador tuvieron que enfrentarse con un mundo embriagado con los ideales de libertad y progreso, unidos muchas veces con un materialismo craso y chocante.

Pero el Cristianismo no se quedó atrás en este desarrollo. Si el comercio buscaba nuevos mercados en el Oriente y en el Ã�frica, halló que los misioneros cristianos habían llegado antes o juntamente con él; si la ciencia y la erudición hacían progresos, grandes organizaciones cristianas hicieron resonar a las universidades como un mensaje cristiano y llenaron los corazones de miles de personas instruidas en las letras y en las ciencias del deseo ardiente de usar sus conocimientos para la gloria de Dios y el bien de sus semejantes. Si los economistas y los sociólogos señalaron el camino para una organización más sana de la sociedad, hallaron a los cristianos trabajando en el mismo sentido y realizando éxitos en grade escala.

En el siglo anterior, las misiones apenas habían comenzado, pero desde el principio del siglo XIX, el ardor de la iglesia cristiana creció continuamente hasta que a su fin las misiones se encontraban en todo Edmundo, gastándose anualmente en su manutención millones y millones de pesos.

Nuevas organizaciones vinieron en ayuda de la iglesia. La primera que se debe mencionar es la Escuela Dominical, institución fundada a principio para enseñar la Biblia a los niños pobres el día domingo, y así evitarles las tentaciones de la calle en este día, pero que después tuvo un desarrollo inmenso en muchas otras direcciones.

Las sociedades de jóvenes como la llamada de Esfuerzo Cristiano, fueron fundadas en este siglo y dieron un gran empuje a la obra cristiana entre la juventud. La Iglesia Institucional, el Ejército de Salvación y muchas otras organizaciones, fueron establecidas para llevar a los pobres el Evangelio, al mismo tiempo que se les ayudaba materialmente. Grandes organizaciones para combatir el alcoholismo, nacidas en la iglesia, se levantaron a pelear contra este gran mal, mientras que avivamientos encabezados por hombres como Finney y Moody, hicieron crecer grandemente el número de los convertidos y celosos cristianos. Hay muchos hombres que se pueden considerar como representantes de este siglo; de los grandes evangelistas, de los valientes misioneros, de los eruditos teólogos, y de los eminentes filántropos, mas hemos escogido a Jorge Williams, como aquel en quien podemos ver mejor reflejado, como en un espejo, las aspiraciones y esfuerzos del Cristianismo de esta época. Lo hemos escogido como sujeto de este capítulo, no por ser el más celoso, ni el más instruido, ni el de mayor influencia entre los cristianos del siglo diecinueve, sino por ser el verdadero "tipo" del siglo.

Jorge Williams nació en una hacienda, en el Occidente de Inglaterra, el 11 de octubre de 1821. Era el más joven de sus ocho hermanos. Fue bautizado y confirmado en la Iglesia anglicana, y después de unos pocos años de instrucción en la escuela del pueblo vecino, se dedicó a ayudar a sus padres y hermanos en los trabajos de la hacienda.

Pero la Providencia no lo había designado para la vida campesina. La crisis vino un día, cuando estaba trayendo una carreta de rastrojo del campo, para guardarlo en la caballeriza. Estaba él como soñando y no fijándose bien en lo que hacía, cuando la carreta se volcó, resultando caballos, carreta, rastrojo y él mismo dentro de un foso.

Padre y hermanos comprendieron desde luego, que Jorge no tenía las cualidades necesarias para la vida campesina y dispusieron castigarlo mandándolo a un pueblo para emprender la vida de negocios. Hallaron una colocación para él en una tienda de géneros en Bridgewater, unas diez leguas distante de su hogar. Vivía con su patrón, que era hombre piadoso y seguía la regla del establecimiento, asistiendo con los demás operarios a los cultos de una capilla congregacionalista, de la cual era miembro el patrón.

Muy pronto demostró gran aptitud para el negocio, y por su carácter amable conquistó el cariño, tanto del patrón como de los demás empleados. Poco a poco, también su espíritu sufrió un cambio. El mismo nos dice: que entró en Bridgewater, como Jove, "indiferente, descuidado, impío, maldiciente"; pero pocos años después, cuando salió de aquel empleo, era serio, sobrio y entusiasta por la obra cristiana.

En la capilla congregacionalista halló lo que no había sentido en la Iglesia anglicana; es decir, la paz que viene por saber que sus pecados habían sido perdonados en Cristo. Fue recibido como miembro de esa Iglesia y empezó, desde luego, a tomar una parte importante en la vida de la congregación. Era uno de los que ayudaban para la formación de un culto de oración y también enseñaba una clase en la escuela dominical. Además de la Biblia, leyó los libros de Finney, que se conocen bajo los títulos de "Disertaciones para Cristianos" y "Sobre los Avivamientos en la Religión". Estos libros le enseñaron a pensar que el deber principal de cada cristiano, es el de atraer a otras almas a la salvación de que él goza. Así se ve que en toda su vida este "deseo para almas", vino a ser su principal pensamiento. Hablaba a todos los que encontraba, de la salvación de sus almas, pero tal era su tacto y tino unidos a una sinceridad manifiesta, que nunca recibió una contestación ruda. Supo unir con la mayor perfección, el odio al pecado y el amor al pecador. A los diecinueve años acabó su aprendizaje en Bridgewater, y después de buscar empleo en varias partes, fue recibido como empleado en un almacén de géneros, en Londres, perteneciente al señor Hitchcock. Aquí vivía también, en el establecimiento, con otros ciento cuarenta empleados. Se dice que cuando él halló este empleo, era casi imposible para un joven que viviese en esta casa, observar las costumbres cristianas. Las horas de trabajo eran sumamente largas, y los jóvenes se encontraban con las fuerzas tan agotadas al acabar el trabajo que contra las reglas del establecimiento, llevaban bebidas alcohólicas a los cuartos para ahogar su cansancio, o pasaban la noche en una cantina o alguna casa de mala fama. Jorge Williams había hecho votos de no tomar bebidas alcohólicas nunca y fue fiel a su voto. Acostumbrándose poco a poco al establecimiento de Hitchcock, hizo amistades con unos dos o tres de los jóvenes más serios y empezó a hacer oración con ellos en sus ratos desocupados; mientras que el día domingo, siempre invitaba a algunos a que lo acompañaran al culto de alguna iglesia o capilla. Los cultos de oración entre los empleados del establecimiento, que habían empezado con solo él y otro joven, crecían en número de asistentes y en interés, hasta que a veces llegaron a juntarse treinta de los empleados en ellos. También se organizó una sociedad misionera, que juntaba dádivas para la ayuda de la causa misionera entre los paganos. Los jóvenes empezaron a orar para la conversión de sus compañeros y del patrón. Los otros se burlaron de ellos; pero éstos, escogiendo al más enemigo de todos, le invitaron para un banquete en su honor, cosa que le extrañó bastante, pero aceptó la invitación y juzgó a estos jóvenes piadosos, buenos compañeros. Dejó las burlas, y después de algún tiempo se convirtió también, así, todos los empleados, uno por uno, aceptaron a Cristo y también, al fin, el mismo patrón, viendo los efectos de este movimiento sobre sus empleados, entró en una experiencia viva del amor de Dios. Después de tres años, no había casi ningún inconverso en el establecimiento.

Naturalmente, se suscitó entonces la cuestión de que si este movimiento había alcanzado tan buenos efectos en la casa de Hitchcock, ¿por qué no probarlo en otros almacenes? El resultado fue una organización: "La Asociación de Jóvenes Cristianos", que ha crecido desde entonces maravillosamente y que abraza al mundo entero en su campo de actividad en el día de hoy. Poco a poco, haciendo muchos esfuerzos, la organización crecía y aunque Jorge Williams no tomó nunca una parte directa en su dirección, él fue siempre una fuerza principal para ayudarla.

Mientras tanto, no se olvidaba de los negocios. Sus aptitudes le merecieron promoción, hasta que fue recibido como socio en el establecimiento; relación que se hizo después más estrecha, por su casamiento con la hija de Hitchcock. El almacén, que antes había sido de ventas al por menor, se ensanchó, vendiéndose también al por mayor y en el transcurso de los años, Jorge Williams llegó a ser uno de los hombres más ricos de Inglaterra. Pero no olvidó nunca su amor por los jóvenes, a pesar de los cuidados del negocio y de su familia. El sabía que el hombre no puede servir a Dios y a Mamón a la vez. El servía a Dios, e hizo que Mamón le sirviera también. Uno de sus principales deseos era hacer la vida de sus empleados más amena. Así, junto con otros patrones de Londres, empezó un movimiento para cerrar los almacenes temprano y para dar libre a los empleados la tarde del sábado. Puso el ejemplo en su establecimiento y logró ver el día en que esta benevolente disposición fue imitada por todo el pueblo de Londres. Hoy, la "semana inglesa" iniciada por él, se observa en casi el mundo entero.

Recordando la dureza de la vida que había vivido como dependiente, hizo todo lo que pudo para mejorar la situación económica de sus empleados. Pero su interés principal era siempre el bien espiritual de ellos. Cuando un joven se le presentaba pidiendo empleo, le preguntaba qué parte del negocio conocía y luego, si conocía a Cristo. Los tres puntos principales de su organización consistían en el contacto personal de joven con joven, la unidad en la oración y el estudio de la Biblia. Dicha asociación fue y es considerada como ayuda de todas las iglesias. No es otra organización dentro o aparte de ninguna de ellas, sino una asociación interdenominacional. Jorge Williams siempre miraba las cosas que unen a los cristianos, más bien que las que los separan. Se cuenta que una vez estaba platicando con otros tres jóvenes en la calle, antes de ir al culto de su iglesia, cuando de repente, fijándose en que eran todos de distintas denominaciones, los abrazó exclamando: "bautista, metodista, anglicano, congregacionalista, pero uno en Cristo". Varias veces le vino a él el deseo de irse como misionero, o de ordenarse como ministro de alguna iglesia; pero comprendió al fin, que podía servir a Dios mejor como sencillo laico y esto lo hizo hasta su muerte.

La asociación que él había formado, crecía. Había empezado en un dormitorio ocupado por seis jóvenes, pero después de poco tiempo fue necesario alquilar un cuarto para el uso de los miembros. De aquí tuvieron que trasladarse a otro más grande y emplear a un secretario que lo cuidara. Sala de lectura y anexos semejantes, fueron añadidos con el tiempo y el número de miembros crecía constantemente, hasta llegar a mil en el espacio de cuatro años. En 1851 hubo una exposición universal en Londres, donde se hicieron esfuerzos especiales por dar folletos a todos los visitantes e interesarlos en su obra. El resultado fue que la asociación se trasplantó a los Estados Unidos y otros países. Estando el mismo Jorge Wiliams en Paris, por asuntos del negocio, vio que no había allí ninguna sociedad de esta naturaleza, y llamando a los pastores protestantes a reunión, les expuso la necesidad de ésta, con tanta elocuencia, que hicieron el ensayo con éxito feliz. Cuando en 1863 murió su suegro, Jorge Williams fue electo tesorero de la Asociación, cargo que Mr. Hitchcock había desempeñado hasta entonces.

Williams tenía la costumbre de pagar todos los déficits y así ayudó a la sociedad, salvándola de muchas situaciones difíciles. Dio siempre, desde la mitad, hasta las dos terceras partes de lo que ganaba, para la obra de promulgación cristiana, en una forma u otra, pero a pesar de su generosidad, murió rico. Pasaron los años y sus hijos tomaron más y más sobre sí las responsabilidades del negocio, dejándole más libertad para los asuntos de la asociación. Entonces fue cuando hizo viajes a América y otros países, donde la obra se había establecido, hablando, organizando, dando y nunca quiso descansar. Su familia se quejaba, de que cuando deseaba disfrutar de vacaciones, Jorge Williams siempre la llevaba a alguna parte donde no había asociación, para organizar una allá.

En 1894, la asociación celebró jubileo en Londres, por sus cincuenta años de vida, miles de delegados llegaron de todas partes del mundo. Suecia, Holanda, Dinamarca, Alemania, Suiza, España, Italia, Japón, Estados Unidos, varias naciones de la América del Sur y otros países mandaron sus representantes. La reina Victoria, ofreció a Jorge Williams la honra de hacerlo "Knight" o Caballero, que es el reconocimiento más alto que da el soberano inglés. Cuando Jorge Williams recibió la carta en que se le comunicaba esta disposición de la reina, exclamó ante su secretario que estaba cerca: "¿Pues qué piensa usted de esto?" "Que es una honra bien merecida", contestó el secretario. "No, no", dijo Jorge Williams, "no es para mí, sino para la asociación; pertenece a nuestro Maestro, pongámosla a sus pies", y se arrodillaron a orar.

Cuando llegaron los delegados a la convención, hicieron una asamblea religiosa, como nunca la había visto Londres hasta entonces. Jorge Williams fue el centro de todo y la honra que recibió hubiera satisfecho a cualquier otro que no tuviera como él la vista fija, no en los hombres, sino en su Maestro. La convención oyó los informes del progreso de la obra en todo el mundo: de Alemania con sus 61,000 miembros; de Holanda con sus 185 asociaciones, donde en cuatro años el número de sus miembros se había cuadruplicado; de los Estados Unidos donde la asociación había edificado grandes centros, con auditoriums, salas de lectura y de juegos, gimnasios, etc., y esta sirviendo, no solo a los empleados del comercio, sino también a los de los ferrocarriles, a los negros, al ejército y a la marina y sobre todo a los estudiantes de las universidades, de los cuales, miles estaban yendo al servicio de Cristo en las misiones extranjeras. Este congreso fue el apogeo de la vida de Jorge Williams. Vivió todavía once años celebrando jubileos, como el del establecimiento de la asociación en América, etc., pero ya había pasado el vigor de su vida. En 1905 todavía pudo estar en una convención en Paris, donde fue llevado a la plataforma, pudiendo apenas pararse. Miles esperaban con atención su mensaje, pero parecía que no podía hablar. Al fin le volvió algo de su poder antiguo y dijo con ardor: "Jóvenes de Francia, os quiero decir si queréis una vida feliz, útil y provechosa, dad vuestros corazones a Dios, mientras que estáis jóvenes. Mi último testamento para vosotros, y es un testamento precioso, es La Asociación de Jóvenes Cristianos. La dejo a vosotros, queridos jóvenes de todos los países, para continuarla y extenderla. Espero que gozaréis tanta felicidad en la obra, como yo he gozado, pero con más éxito. Esto será una bendición para vuestras almas y para multitudes de otras". Entonces la luz de su faz desapareció repentinamente desmayado. Pocos meses después murió. Pero su obra continúa y continuará. Es el tipo del Cristianismo de su siglo, dijimos y lo repetimos. Fue un siglo en que los laicos hacían tanto como los ministros graduado, fue el siglo en que los jóvenes del campo fueron a las ciudades para hacerse ricos en pocos años, fue el siglo en que los ricos empezaron aponer sus riquezas a la disposición de la sociedad y a servir a sus semejantes con ellas, fue el siglo en que el Cristianismo se impuso la tarea de llevar el Evangelio a toda criatura y a servir, no sólo al alma del hombre, sino también a su cuerpo, llevando a la organización social los principios cristianos y procurando coordinarla de tal modo, que llamara a la expresión el bien que está en el hombre y no el mal.