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20 Siglos del cristianismo - IV

ATANASIO Y LA CONTROVERSIA CRISTOLÓGICA

Para poder tener un fondo en que pintar el cuadro de Atanasio, cristiano típico del siglo cuarto, sigamos nuestra crónica narrando los acontecimientos del siglo tercero, después de la muerte de Orígenes en 254.

Los diez años, entre el 250 y el 260, fueron de fuerte persecución para la Iglesia Cristiana, pero en seguida ella gozó de paz por espacio de una generación. Este lapso, fue un tiempo en que creció en influencia y en el número de sus creyentes.

En el año 284, Diocleciano tomó el mando como emperador. Él no mostró ninguna hostilidad contra la Iglesia al principiar su reinado. Prisca su esposa y Valeria su hija, eran cristianas. En el ejército y en el gobierno había ya muchos iniciados en esta fe.

Los templos ya no alcanzaban para las personas que querían asistir a las ceremonias cristianas y había que hacer nuevos y más grandes. Pero la fe y la caridad de las iglesias, como sucede casi siempre, cuando hay prosperidad material, disminuyeron. Dice Eusebio: "Nos enviábamos unos a otros y nos insultábamos recíprocamente; nos hacíamos la guerra con palabras tan afiladas como dardos y lanzas, y en muchas ocasiones poco faltó para que fuéramos a las manos. La hipocresía y la disimulación llegaban al colmo".

El partido pagano siempre existía, y envidioso del poder de los cristianos, esperaba una ocasión propicia para librarse definitivamente de ellos. Creyó ver esta ocasión cuando Galeno, enemigo acérrimo del Cristianismo, se casó con la hija del emperador Diocleciano. Éste último, ya anciano y débil, persuadido por el yerno de que los cristianos formaban un peligro para el imperio y el gobierno empezó a proceder con energía contra los que se profesaban discípulos de Cristo. El 23 de febrero de 303 empezó una terrible persecución, quemando biblias, destruyendo templos y matando creyentes. Todos los cristianos que ocupaban cargos en el estado, debían abjurar so pena de degradación. Los demás perdieron sus derechos civiles, no pudiendo así presentar demanda de ninguna clase ante los tribunales. Se autorizó el uso de la tortura en los interrogatorios. Un esclavo cristiano ya no podía comprar su libertad como había podido hacerlo antes. La persecución fue tan generalizada, que el recurso antes practicado de huir de un lugar a otro, ya no podía librar a los cristianos esta vez. Todo el clero cristiano fue encarcelado, y todos los creyentes recibían orden de parte de la autoridad civil de entregar sus libros y de sacrificarse a los dioses paganos. Como en semejantes ocasiones, que habían presentado anteriormente, muchos llamados cristianos tuvieron miedo de morir por Cristo, mientras otros sufrieron martirio, gozosos de poder dar su vida por el nombre de su Salvador.

A los pocos meses de haber empezado la persecución, Diocleciano murió, quedando su yerno Galeno como emperador en su lugar. Continuó la guerra del exterminio contra los cristianos con todo rigor por un tiempo, aunque cesó en el Occidente después de tres años. En el Oriente, al contrario, los años 311 a 313 fueron los más sangrientos de todos. Una verdadera multitud pereció allí entonces, fiel a Cristo hasta la muerte.

Atanasio nació en el año 296, probablemente en Alejandría. No sabemos nada de su familia ni de su juventud, aunque una tradición dice que el obispo Alejandro lo miró imitando en su juego el rito del bautismo, y por esta razón, llamándole a su casa lo tuvo consigo. Lo cierto es que Atanasio fue ordenado muy joven, y que cuando lo vemos primero, está en relaciones muy íntimas con Alejandro.

Podemos imaginar el gozo de nuestro héroe, como el de un joven de 16 años, cuando en el año 311, Galeno, bajo el peso de una terrible enfermedad, y viendo que era inútil perseguir más a los cristianos, publicó un edicto que firmó juntamente con Liciano y Constantino, poniendo fin a las persecuciones y exigiendo de los cristianos que elevaran oraciones a su Dios por la prosperidad y el bienestar del imperio, en lugar de rendir culto a los dioses paganos.

Galeno no tardó en morir, y su sobrino Máximo Deza quedó como emperador. Él determinó seguir las persecuciones; pero en 313 Liciano y Constantino llegaron al poder como emperadores. Ellos señalaron el principio de su reinado por ratificar el edicto de tolerancia y la última persecución de la Iglesia Cristiana por el imperio romano terminó.

En el año 324, Liciano murió, y Constantino quedó como único emperador. Se dice que antes de cierta batalla él había tenido la visión de una cruz, sobre la cual estaban las siguientes palabras: "Con esta enseña triunfarás", y que el mismo Cristo le decía: que para salir victorioso, debía hacer sus estandartes en la forma de una cruz. Lo cierto es que esta enseña fue adoptada por los ejércitos de Constantino, y que cuando él quedó como único emperador, extendió la tolerancia de la Iglesia, decretada en 313 en un patronato de la misma, que hizo del Cristianismo la religión del estado. Hizo leyes protegiendo a los cristianos contra los judíos; reconoció el domingo como día feriado, prohibiendo todo negocio público en dicho día, y dio dinero de la tesorería imperial para edificar nuevos templos cristianos.

Mientras el Cristianismo recibía estos favores del estado, se desarrollaba en él mismo una situación crítica. En el año 318, el obispo Alejandro, padre espiritual de Atanasio, había predicado un sermón sobre la Trinidad. Un presbítero de Alejandría llamado Arrio había refutado las conclusiones del obispo, en dicho sermón, y así comenzó una controversia que había de dividir la Iglesia Cristiana durante muchos años. Arrio conceptuaba al Hijo de Dios como una criatura sin algunos de los atributos de la Divinidad. El obispo se esforzó en convencer a Arrio de su error, pero con poco éxito. Después de tres años de argumentación, vio más bien que las ideas de éste eran recibidas por más personas cada día, y convocó un sínodo al cual concurrieron cien obispos de Egipto y otras partes. Este sínodo excomulgó a Arrio, quien se fue entonces a Palestina. La controversia se volvía cada día más aguda.

Así fue que el año 325, el emperador Constantino, que un año antes había hecho del Cristianismo la religión del estado, se vio obligado a convocar un concilio de toda la Iglesia para determinar de una vez cuál era la verdad con respecto a la naturaleza de Cristo; pues temía por el buen orden de su imperio, si esto no se hacía. Trescientos veinte obispos vinieron a este concilio, que se reunió en Nicea. También hubo gran número de diáconos, presbíteros y otros funcionarios eclesiásticos.

Atanasio asistía en compañía del anciano obispo Alejandro, de Alejandría. De los muchos que tomaron parte en la discusión, el joven diácono Atanasio, por su elocuencia, su conocimiento y su celo, luego fue reconocido como campeón de los opositores de Arrio. El resultado de ese concilio fue el credo siguiente: "Creemos en un solo Dios, Todopoderoso, Creador de todas las cosas visibles e invisibles, y en un Señor Jesucristo, Hijo unigénito de Dios y engendrado del Padre: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no hecho, consubstancial al Padre; por quien todas las cosas fueron hechas, tanto en el cielo como en la tierra, el cual descendió de los cielos por nosotros los hombres y por nuestra salvación; se encarnó y habitó entre los hombres, sufrió y resucitó al tercer día, subió a los cielos de donde vendrá para juzgar a los vivos y a los muertos; y en el Espíritu Santo. En cuanto a los que afirman que hubo un tiempo en que no existió, y que antes de ser engendrado no era, y que el Hijo de Dios ha sido creado de la nada, o que es de otra esencia que el Padre, o que fuera creado, o que estuvo sujeto a la mutabilidad: a todos éstos la Iglesia católica los anatematiza".

Diecisiete obispos se negaron a aceptar la decisión de la mayoría; pero al saber que el emperador había dado su aprobación al credo, sólo dos rehusaron aceptarlo. Este credo siempre ha llevado el nombre de Atanasio, siendo él, si no su autor, a lo menos su principal abogado.

No cabe duda que este credo expresa la verdad revelada en las Sagradas Escrituras, mejor que las enseñanzas de Arrio. El Cristianismo histórico siempre ha aceptado el credo de Nicea, y ahora últimamente, el 1600 aniversario de su promulgación, sirvió como ocasión para la reunión del congreso más representativo de cristianos que ha habido desde la separación de Oriente y Occidente. (*).

Sin embargo, tenemos que confesar que la manera de llevar a cabo este concilio, no honraba siempre al Señor, cuya deidad defendía con tanto afán, y que si bien merece la gratitud de la Cristiandad, por haber definido la naturaleza metafísica de Cristo, siempre quedará desacreditado en la historia, por haber excomulgado a todos los cristianos orientales, por el simple hecho de no dejar de celebrar la Pascua de la Resurrección, según el cómputo judío, pues los del concilio de Nicea habían adoptado la costumbre romana.

Poco después de concilio de Nicea el obispo Alejandro mandó llamar a Atanasio. No encontrándose éste, otro del mismo nombre se presentó ante el obispo, pero sin hacerle caso,
Alejandro repitió el nombre diciendo: "Piensas escapar, pero esto no puede ser". Todos miraron en Atanasio el sucesor lógico de Alejandro, y así fue elegido obispo de Alejandría por el pueblo y el clero, llegando a la edad de 30 años, a ser uno de los eclesiásticos más prestigiados del mundo.

Sus primeros años como obispo pasaron tranquilamente. El Cristianismo había llegado a Abisinia y Atanasio ordenó al primer obispo de esta región, que se llamaba Frumentio. Pero estos años de paz y trabajo constructivo en la administración de su diócesis y de las misiones iban a terminar luego.

Los amigos de Arrio, poco después del concilio de Nicea persuadieron al emperador de que aquel había cambiado en sus opiniones, y Constantino mandó a Atanasio que recibiese a Arrio otra vez en la comunión de la Iglesia. Pero Atanasio rehusó. Tres años después, el emperador le llamó a un concilio en Cesarea, pero otra vez Atanasio se negó. Sus enemigos eran activos en este tiempo, acusándole de irregularidades eclesiásticas, y aún de homicidio; y al fin, en el año 335 fue depuesto de su cargo de obispo por concilio en Tiro, como resultado de las intrigas de éstos.

Desterrado de su amada Alejandría, se fue hasta Treves, en lo que es ahora Francia, lejos de todo lo que había conocido hasta entonces.

Allí encontró buenos amigos, entre los que ocupaban los puestos civiles y eclesiásticos, y siempre sabía de los acontecimientos en Alejandría, por medio de cartas que sus amigos le mandaban. Arrio había sido admitido de nuevo a la comunión de la Iglesia e iba a aprovechar su derecho por primera vez, después de su excomunión, cuando murió repentinamente.

El emperador también murió, a los dos años de haber quitado a Atanasio su puesto, o sea en el año 337.

Él había establecido el Cristianismo como religión del estado, pero siempre había buscado la manera "de servir a Dios de una manera tal, que no desagradara al diablo". Siempre había retenido el título, y ejercido lo oficios del pagano Pontifex Maximus. Mató a su hijo y a su esposa, y nunca fue recibido definitivamente como miembro de la Iglesia, sino hasta pocos días antes de su muerte, cuando fue bautizado. Por supuesto, un hombre de esta índole, aunque hubiera tenido mil visiones de una cruz, tenía que ejercer una influencia degeneradota sobre la Iglesia, "protegiéndola" y mezclándose en sus asuntos.

Al morir Constantino, su hijo Constancio ascendió al trono imperial en el Oriente. Él restituyó el obispado de Alejandría a Atanasio, quién fue recibido con júbilo por el clero y el pueblo. Pero no había de quedar en Alejandría más que dos años esta vez. Las intrigas en contra de él y en pro del arrianismo siguieron, y fue destituido de su puesto de nuevo el año 339 y tuvo que irse a Roma, donde se quedó varios años.

Atanasio era ascético. La Iglesia romana no se había interesado en el ascetismo hasta este tiempo. Pero teniendo mucha confianza en Atanasio, por su fe ortodoxa en la doctrina de la Trinidad, le escucharon con simpatía cuando abogaba por el ascetismo. Así es que él puede considerarse como padre del sistema monástico, que después echó tan fuertes raíces en Europa.

No podemos seguir todos los detalles de la lucha entre los arrianos y los ortodoxos en estos años. Es una historia poco edificante. Basta decir que en el año 346 Atanasio recibió su obispado otra vez y que desempeñó sus funciones como obispo hasta el año 355, cuando los partidarios de Arrio, teniendo el poder otra vez, lo quitaron y lo desterraron. Pasó seis años en el desierto de Egipto, meditando y escribiendo sus obras teológicas más importantes.

En el año 361 ascendió al trono un nuevo emperador que la llamó Julián. No era cristiano, aunque había sido educado en la fe cristiana. Le gustaban los ritos de los paganos tanto más, porque se consideró víctima de la persecución de los cristianos. Se propuso, como objeto principal de su gobierno el reestablecer la religión pagana y el suprimir al Cristianismo. Abrió los templos paganos ya cerrados, y mejoró los decaídos; quitó la enseña de la cruz de los estandartes y de los edificios públicos. Hizo otra vez de la religión pagana, la del estado. Con el deseo de provocar las disensiones en la Iglesia Cristiana, hizo volver a todos los obispos desterrados por su predecesor. Así fue que por un emperador pagano, Atanasio fue llamado de su retiro y puesto otra vez a la cabeza de la Iglesia de Alejandría.

Él empezó, desde luego, a trabajar para la unidad de los cristianos ante el paganismo resurgente. Estaba logrando su objeto y en esta hora de crisis toda la Iglesia miraba hacia Atanasio, como el que había de unirla y fortificarla para la lucha contra sus enemigos. Lejos de retroceder, Atanasio pudo ver algunos de los pocos paganos que habían quedado en Alejandría, recibiendo el bautismo cristiano a pesar de la oposición del emperador. Este, viendo un peligro para sus planes, en Atanasio, le quitó de nuevo de su puesto, después de que lo había ocupado solo ocho meses. Los esfuerzos de Julián para destruir la religión fueron vanos, y después de un corto reinado, él murió en una batalla contra los persas, diciendo, según cuenta la tradición: "Oh Galileo, tú has vencido".

El emperador siguiente recibió al Cristianismo y puso a Atanasio otra vez en su puesto de obispo de Alejandría. Quedó tres años esta vez, pero en 366 fue desterrado de nuevo, para regresar después de unos meses a ocupar su puesto, hasta su muerte en 373. Cinco veces su obispado le había sido quitado, y cinco veces restituido.

En su vida vemos reflejado como en un espejo, el siglo IV. En su juventud había visto las persecuciones más fuertes contra los cristianos y los muchos que murieron antes de sacrificar a los dioses paganos. Sin embargo, en su vejez, casi alcanzó el decreto de Teodoro, que perseguía al paganismo con el mismo rigor que éste había usado contra el Cristianismo 75 años antes. Casi no hay acontecimiento histórico de importancia en este siglo, en el cual él no tome parte.

Era una edad en que el Cristianismo se volvía más y más cosa de creencia y no de fe y vida; y él, en el espíritu de su siglo, luchaba con toda la energía de su ser para conservar la creencia verdadera. En este sentido es uno de los más grandes héroes del Cristianismo, en cuya herencia los cristianos de todos los siglos desde entonces hemos entrado.