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20 Siglos del cristianismo - III

EL TEÓLOGO ORIGENES Y LA SINTESIS DEL CRISTIANISMO CON CIERTAS RELIGIONES ORIENTALES

Después del martirio de Justino, en el año 166, no hubo otras persecuciones de importancia, sino hasta treinta años más tarde. El Cristianismo crecía por todos lados. Antes de terminar el segundo siglo, se establecieron iglesias cristianas en Arabia, Armenia, Persia y en toda Ã�frica que tocan el Mar Mediterráneo. España y Francia tenían ya muchas congregaciones cristianas, lo mismo que las ciudades del Rhin en Alemania. L fe cristiana había sido recibida también por algunos de los BARBAROS de la Gran Bretaña.

El cristianismo tenía una historia de doscientos cincuenta años tras de sí y se había extendido por el mundo conocido de entonces. Estos hechos produjeron cambios, que si bien no se dejaron sentir de un momento a otro, son clarísimos cuando se mide el tiempo por siglos. Como agrupación pequeña, el Cristianismo había podido exigir una disciplina muy estricta entre sus miembros. Esto era más difícil cuando la Iglesia iba abarcando todo el mundo. Así sucedió que en la época que nos ocupa, el reconocimiento de la separación entre la Iglesia y el Mundo con sus placeres y vicios, no fue tan marcado como al principio. Los hijos que nacieron de padres cristianos y crecieron como tales, no tenían la misma experiencia viva del poder redentor de Jesús, que sus padres habían sentido cuando dejaron sus ídolos para servir al Dios viviente; se acercaron luego a los paganos, tanto en su mundo de vivir como también en sus convicciones íntimas. La esperanza de la Segunda Venida de Cristo, que era tan viva en los primeros años, ahora después fue más y más olvidada. Entre todos los cristianos solamente los llamados MONTANISTAS, una secta relativamente pequeña, mantuvieron esta doctrina en su vigor primordial.

Como pasa con todos los movimientos revolucionarios, así el Cristianismo poco a poco se dejaba influir por el ambiente cultural en que existía, a la vez que guardaba con toda tenacidad las fórmulas exteriores que desde el principio le había caracterizado.

En el año 185 a un cristiano de Alejandría,* Egipto, llamado Leonidas, le nació un hijo a quien le puso por nombre Orígenes. El padre, como buen cristiano quiso instruir a su hijo en la misma fe que él profesaba y con este fin le enseñaba diariamente un trozo de la Biblia. El niño se mostró muy apto y luego empezó a preguntar tantas cosas de Dios y de la Biblia que el padre no pudo darle más explicaciones y le reprendía por ser demasiado curioso. Pero abrigaba la esperanza de que el Espíritu Santo hubiera escogido al niño como un instrumento especial para proclamar la santa verdad.

La paz que los cristianos habían gozado durante el reinado del Emperador Cómodo, fue algo estovada en el reinado de su sucesor Séptimo Severo, por haber prohibido éste, bajo severas penas la conversión de súbditos suyos que no eran todavía cristianos a esta fe. No sabemos si Leonidas fue encontrado haciendo propaganda del Cristianismo, pero se supone que sí, porque en el año 202 fue detenido. Su hijo Orígenes no contaba más que con diecisiete años entonces, pero quiso acompañar a su padre a la cárcel. La madre se resistió a esto con todo el ingenio que una mujer puede usar para obtener sus fines y cuando vio que su hijo no desistía de su plan por súplicas ni por amenazas, le escondió la ropa para impedir por este su salida de la casa. Entonces Orígenes escribió a su padre estas palabras: "sobre todo no desfallezcas por nosotros".

Aquel padre fue un testigo fiel de Jesucristo. Selló su fe con su sangre, pues lo mataron aquellas autoridades y confiscaron sus bienes.

El joven Orígenes, por esta causa, se vio obligado a ganarse la vida con su personal trabajo y encontró colocación como profesor particular en la casa de una noble y rica señora cristiana.

Había en Alejandría entonces una escuela catequista cristiana de mucha fama.

El sabio Clemente (de Alejandría) dirigía dicha escuela, siguiendo el método que Justino había popularizado en el segundo siglo, usando la filosofía griega como una ayuda para enseñar y defender el Cristianismo. Acostumbraba decir: "Somos semejantes a los agricultores que riegan las tierras antes de sembrarlas. Con las aguas de la ciencia griega, regamos lo que es terrestre para que la simiente espiritual que después arrojamos tenga nutrición preparada". Esta escuela pues, se distinguió por la profundidad de sus especulaciones teológicas y no cabe duda de que era el centro de la vida intelectual del Cristianismo de entonces.

El celo y perspicacia del joven Orígenes llamó la atención de las autoridades eclesiásticas de su ciudad y el obispo le dio el cargo de maestro en la Escuela Catequista ya mencionada.

Al mismo tiempo que enseñaba clases bíblicas en esta escuela, recibía instrucciones en filosofía con un maestro muy conocido entonces, llamado Amnio Saccas.

Puesto que los maestros de la Escuela Catequista prestaban sus servicios sin remuneración, Orígenes para estar libre y trabajar sólo en este puesto, vendió su hermosa biblioteca, herencia de su padre, por una pensión diaria de más o menos diez centavos, oro que le bastaba para sus necesidades.

La influencia de las filosofías y religiones orientales que miraban en el cuerpo algo malo en sí y que enseñaban un ascetismo estricto, se había hecho sentir ya en la iglesia cristiana. Debemos hacer constar que esta actitud no provenía de Cristo mismo. El nunca enseñó que la vida material era cosa mala en sí. Por el contrario, él tuvo reputación de ser "comilón y bebedor de vino" y si esto no ha de tomarse al pie de la letra, pues la acusación salió de boca de sus enemigos, a lo menos demuestra lo que encontramos en otros ejemplos de los Evangelios, es decir, que Jesús no vivía una vida retraída, sino entraba de lleno en la vida social, gozando las alegrías y sintiendo los pesares del pueblo. Es de las religiones orientas, sobre todo de la religión de Zoroastro, de donde el Cristianismo de esta época tomó las ideas monásticas que tan honda huella araron en los siglos que siguieron. Arrastrado por estas poderosas corrientes de su tiempo, vemos a Orígenes desplegando celo monástico, par alcanzar la santidad de vida. "No usaba más que un vestido y éste era tan delgado que no le abrigaba del frio. Iba descalzo, ayunaba a menudo, dormía en el suelo y dando una interpretación demasiado literal a las palabras de Jesús (Mateo 19:12), se hizo "eunuco a casa del reino de los cielos". Más tarde dijo: "haberse arrepentido de haberlo hecho".

Orígenes sostuvo su puesto en la Escuela de Alejandría, ganando gran fama por su erudición, hasta el año 216 en el cual hubo otra persecución contra los cristianos y él se vio obligado a huir. Se dirigió a Jerusalén, donde el obispo Alejandro lo recibió con los brazos abiertos, como también lo hizo Teoctisto, obispo de Cesarea de Palestina. Ambos obispos habían sido sus compañeros de estudio. Aunque Orígenes no era ministro ordenado, su reputación era grande en las iglesias orientales, por lo cual los obispos le invitaron a que hiciera en público y a su presencia, una exposición de las enseñanzas de las Escrituras. El obispo de Alejandría, Demetrio, al enterarse de esta novedad, no supo disimular ni el desagrado, ni la envidia que le produjo y manifestó su disgusto por el hecho inaudito de que un lego pronunciara discursos sobre asuntos religiosos ante dos obispo, al mismo tiempo que mandaba a Orígenes que regresara inmediatamente a Alejandría. Obedeció éste el mando, reconciliándose después con su jefe por lo que pudo continuar desempeñando sus funciones de instructor. El incidente que acabamos de narrar, muestra con claridad el grado de desarrollo de la organización de la Iglesia Cristiana de entonces. Se ve que el clero se había separado de los legos, pero que la distinción jerárquica no era todavía de gran importancia para muchos y aunque cada obispo tenía gran poder para dirigir la marcha de la obra en su jurisdicción, no había aún ninguna organización central, ni mucho menos algún jefe reconocido por toda la iglesia.

Orígenes mantuvo su residencia en Alejandría hasta alcanzar cierta edad, pero no se dedicó a la enseñanza exclusivamente, sino también hizo viajes, visitando en Roma, en Grecia y en Palestina, a sus hermanos en la fe. También pasó algún tiempo como misionero en Arabia.

En el año 228, uno de los viajes lo llevó a Grecia, probablemente con el objeto de entablar discusiones con algunos gnósticos. Aprovechó este viaje para visitar a sus amigos, los obispos Alejandro y Teoctisto, de los cuales recibió la ordenación (como presbítero). Al enterarse Demetrio de ello, protestó indignado de una ordenación que consideraba irregular porque pretendía que había de conferirla el propio obispo del candidato. Apenas había regresado Orígenes, cuando Demetrio le citó a que compareciera ante un concilio compuesto de eclesiásticos egipcios que le condenaron a ser depuesto de su cargo sacerdotal, lo separaron de su cátedra y lo expulsaron de Alejandría.*

Se refugió en Cesarea sin que le fuese posible evitar la persecución. Otro sínodo condenó sus libros y lo excomulgó. Al poco tiempo, es lucha que había comenzado con la envidia que Demetrio tuvo a Orígenes, cosa poco edificadora especialmente ante los ministros de Jesús, se volvió una controversia dogmática. Las iglesias de Palestina, Fenicia, Arabia y Gracia tomaron la parte de Orígenes, mientras que las iglesias de Roma y de Egipto se manifestaron como partidarias de Demetrio.

La verdad es que Orígenes, aunque hombre sincero y sumamente celoso por la pureza evangélica, había sido demasiado sugestionado por la filosofía y religión de los orientales. Tuvo muchas opiniones que hoy se encuentran poco representadas, aunque el espiritismo moderno ha resucitado algunas de ellas. Por ejemplo, aunque él reconoce a Cristo como Hijo de Dios en el Padre, con el Padre y del Padre, no piensa de Jesús como Dios mismo, sino separado y subordinado. También Orígenes representa la opinión de que siempre ha habido un número fijo de espíritus y que éstos habitan primero un cuerpo y al morir éste, otro. También era de opinión de que al fin, después de haber transmigrado muchas veces cada alma, sería salvada y que ninguna al fin se perdería. En cuanto al modo en que Cristo hizo la reconciliación de los hombres con Dios, Orígenes muestra gran discernimiento y puede compararse bajo este concepto al Apóstol Pablo y a San Anselmo, quienes han penetrado en este misterio más profundamente que la mayoría de los teólogos y filósofos.

Al juzgar estas enseñanzas de Orígenes, debemos recordar que la doctrina ortodoxa no se había definido aún y por tanto, no había una norma reconocida por medio de la cual poder medirla. Muchos de estos puntos no son claramente expuestos en el Nuevo Testamento. Por otro lado, las religiones orientales estaban de moda y su influencia sutil se hacía sentir en todas las clases sociales. Isis, Marmo, etc., eran dioses ya más populares aún que los mismos del panteón romano. Si bien la Iglesia Cristiana supo rechazar algunos de los errores de estas doctrinas, otros se incorporaron en su sistema monástico y quedaron como partes integrantes del Cristianismo histórico, hasta el tiempo de la reforma. Pero a pesar de haberse dejado enredar en estos sistemas erróneos, no podemos menos que reconocer a Orígenes con nuestro hermano, por la sencillez y la sinceridad de su fe en Cristo como Redentor.

Aunque había sido expulsado de Alejandría por sus herejías, vivió en paz muchos años en Antioquia. Conforme fue envejeciendo, parece que olvidó sus opiniones especiales que lo separaron del partido ortodoxo, sumergiéndose en el estudio de la Biblia y bajo este punto de vista sus esfuerzos son colosales. Hasta su tiempo, el estudio del hebreo entre los cristianos había sido desatendido. Ya tenía cierta edad cuando empezó el estudio de esta lengua. La traducción griega de la Biblia que se usaba entre los cristianos de entonces, se llamaba "de los Setenta". Es muy desigual y no da a veces el sentido primitivo, ni siquiera está de acuerdo consigo misma, porque unos manuscritos dicen una cosa y otros otra. Para hacer más claro el sentido del original, Orígenes compuso su obra más conocida que se llama la Héxapla. Tiene seis columnas: en la primera está el hebreo del Antiguo Testamento; en la segunda, el hebreo escrito en letras griegas; en las otras cuatro, cuatro variaciones de la traducción usada entonces. Esta es la primea obra de su clase y Orígenes, con justicia puede llamarse padre de la crítica bíblica.

Aunque Orígenes había visto a su padre morir por causa de su fe y aunque él mismo fue molestado algunas veces por la misma causa, casi se puede decir que vivió hasta los sesenta y cinco años sin haber visto una persecución fuerte y general de la Iglesia Cristiana. El período de su vida es un período de tranquilidad y crecimiento para la iglesia. Algunos de los emperadores fueron hasta amigos del Evangelio, como Alejandro Severo (222-235) que puso una imagen de Cristo entre las de otros sabios en el templo de su palacio. También el emperador Filipo y la emperatriz, se mostraron bastante amigables a los cristianos y algunos aseguran que aceptaron la religión cristiana. Esto parece poco probable, más sí es cierto que Orígenes les escribió muchas cartas explicando el Cristianismo y ellos no recibieron mal sus argumentos.

Pero en el año 249, Decio levantó una revolución con éxito contra Filipo y como éste se había mostrado amigo de los cristianos, y creyendo Decio que los cristianos eran partidarios de Filipo, empezó una persecución formidable. Ser cristiano bastaba para ser condenado a muerte. Se ordenó que se procediera a hacer minuciosas investigaciones acerca de todos los sospechosos y comenzando en Roma, la persecución se fue extendiendo por todo el imperio. Muchas personas que habían abrazado la causa del Cristianismo en tiempos de paz y tranquilidad, no tuvieron valor de morir por su fe y regresaron al paganismo. Cipriano, obispo de Cartago, describe la corrupción en que había caído la iglesia así: "El Señor ha querido probar a los suyos. La regla divina de conducta había sido corrompida por tan larga paz y fue preciso un severo juicio de Dios para despertar nuestra fe vacilante; cada uno procuraba aumentar su fortuna; los fieles murmuraban unos de otros, se celebraban matrimonios mixtos. Los sacerdotes y los ministros no poseían ya ni piadosa abnegación, ni sana doctrina, ni caridad, ni disciplina". Muchos negaron a Cristo, pero Orígenes con un gran número de verdaderos cristianos fue de otro carácter. Después de haber hecho una valiente profesión de fe, fue encerrado en una mazmorra y cargado de hierros. Le ataron una cadena al cuello, pusieron sus pies en el cepo y para mayor crueldad, le obligaron a tener las piernas abiertas, posición agravada por los tormentos que imaginaban sus verdugos, amenazándole a menudo con quemarlo vivo si no abjuraba. Si bien es cierto que salió vivo de este lugar, los padecimientos que sufrió precipitaron su muerte, ocurrida en el año 254, a la edad de sesenta y nueve años.

En el siglo tercero, vivieron muchos cristianos distinguidos, pero ninguno como Orígenes descubrió tantos nuevos horizontes en los varios ramos de la teología cristiana y ninguno representa tanto en su vida lo mejor del Cristianismo de este siglo. Así queda él en la Historia como el representante de la época.