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La Segunda Confesión Helvetica

INTRODUCCION: En 1,561 Enrique Bullinger compuso este documento precisamente para aglutinar a los cristianos después de la muerte repentina de Ulrico Zwinglio. Es una confesión moderada en tono y universal en espíritu, reflejando la madurez teológica de las iglesias reformadas.

LA FE Y LAS BUENAS OBRAS Y SU PREMIO, Y EL MERITO DEL SER HUMANO RESPECTO A LAS BUENAS OBRAS.

RESPECTO A LAS BUENAS OBRAS. Enseñamos que las buenas obras surgen de una fe viva por el Espíritu Santo; los fieles las efectúan de acuerdo con la voluntad de Dios o la regla de su Palabra. Es así como el apóstol Pedro dice: "poniendo toda diligencia... añadida vuestra fe virtud, a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio", (2 Pedro 1:5-6). Ya antes dijimos que la ley de Dios, que es su voluntad, nos prescribe el modelo de las buenas obras. Y el apóstol dice: "la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación... que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano" (1 Tesalonicenses 4:3ss).

OBRAS DE OPCION HUMANA. Ciertamente las obras y la adoración que escogemos a nuestro arbitrio no agradan a Dios. Pablo las llama tleésthreskeías (Colosenses 2:23 - "culto voluntario" o culto diseñado por uno mismo). De lo cual el Señor dice en el evangelio: "en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres" (Mateo 15:9).Por lo tanto, desaprobamos tales obras y aprobamos y urgimos las que provienen de la voluntad y el mandato de Dios.

LA FINALIDAD DE LAS BUENAS OBRAS. Estas mismas obras no han de practicarse con el fin de ganar, por medio de ellas, la vida eterna porque, como dice el apóstol, la vida eterna es don de Dios. Tampoco deben hacerse por ostentación, la cual el Señor rechaza en el capítulo 6 de Mateo. Tampoco se han de practicar por ganancia que también rechaza el Señor en Mateo capítulo 23. Estas se han de practicar para glorificar a Dios, adornar nuestro llamamiento, mostrar gratitud a Dios, y para beneficio del prójimo. Porque, de nuevo, el Señor dice en el evangelio: "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifique a vuestro Padre que está en los cielos" (Mateo 5:16). El apóstol Pablo recomienda "que andéis como es digno de la vocación con que habéis sido llamados" (Efesios 4:1). También, "todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él" (Colosenses 3:17). Y "no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de otros" (Filipenses 2:4), y "aprendan también los nuestros a ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto" (Tito 3:14).

NO SE RECHAZAN LAS BUENAS OBRAS. Por lo  tanto, aunque enseñamos con el apóstol que un hombre es justificado por la gracia a través de la fe en Cristo y no por medio de buenas obras, sin embargo, no pensamos que las buenas obras sean de poco valor ni las condenamos. Sabemos que el hombre no fue creado o regenerado por la fe para estar ocioso sino para que incesantemente haga aquellas cosas que son buenas y útiles. Porque en el evangelio el Señor indica que un árbol bueno rinde buen fruto (Mateo 12:33) y que "el que permanece en mí  y yo en él, éste lleva mucho fruto" (Juan 15:5). Dice el apóstol: "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para las buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas" (Efesios 2:10). Y otra vez: "quien se dio a sí mismo por  nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para él un pueblo propio, celoso de buenas obras" (Tito 2:14).

NO SOMOS SALVOS POR LAS BUENAS OBRAS. Sin embargo, como ya se dijo, no pensamos que somos salvos por las buenas obras, ni que sean necesarias para la salvación como para que nadie haya sido salvo sin ellas. Porque somos salvos únicamente por la gracia y el favor de Cristo. Las obras proceden naturalmente de la fe y equivocadamente se les atribuye la salvación, la cual se adscribe a la gracia propiamente. Es bien conocida la sentencia del apóstol: "Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es por gracia; de otra manera la obra ya no es obra" (Romanos 11:6).

LAS BUENAS OBRAS AGRADAN A DIOS. Ahora bien, las obras que hacemos por la fe, agrada a Dios y son aprobadas por él. A causa de la fe en Cristo, quienes hacen buenas obras, que, además, son hechas por gracia de Dios mediante el Espíritu Santo, agradan a Dios. Por eso San Pedro dijo: "en toda nación (Dios) se agrada del que le teme y hace justicia..." (Hechos 10:35). Pablo dijo también: "No cesamos de orar por vosotros... para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra" (Colosenses 1:9ss).

ENSEÃ'AMOS VIRTUDES VERDADERAS, NO FALSAS.
Por lo tanto, enseñamos diligentemente virtudes verdaderas, no falsas ni filosóficas, obras verdaderamente buenas y el servicio genuino de un cristiano. Y las promovemos diligente y celosamente tanto como podemos entre todas las gentes, mientras censuramos la indolencia e hipocresía de todos los que profesan de labios el evangelio, y en tanto que lo deshonran con sus vidas vergonzantes. En esto los confrontamos con las amenazas terribles de Dios, y junto con sus ricas promesas y recompensas generosas, exhortando, consolando y amonestando.

DIOS RECOMPENSA LAS BUENAS OBRAS.
Nosotros también enseñamos que Dios da una rica recompensa a quienes practican buenas obras, de acuerdo con lo dicho por el profeta: "Reprime del llanto tu voz...porque salario hay para tu trabajo" (Jeremías 3:16; Isaías capítulo 4). El Señor dijo además en el evangelio: "gozaos y alegraos porque vuestro galardón es grande en los cielos" (Mateo 5:12). Sin embargo, no acreditamos este galardón, dado por el Señor, al mérito de la persona que lo recibe sino a la bondad, generosidad y veracidad de Dios, quien lo promete y lo da, y quien, aunque nada debe a nadie, sin embargo, promete que él galardonará a sus fieles adoradores y mientras tanto, se los concede para que puedan honrarle. Con todo, hasta en las obras de los santos hay algo indigno y mucho de ellas es imperfecto. Pero como Dios favorece y acoge a quienes obran por causa de Cristo, él les concede el premio prometido. Con todo, y en otro respecto, nuestras justicias son comparadas a un trapo de inmundicia (Isaías 64:6). Y el Señor dice en el evangelio: "cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos" (Lucas 17:10).

NO HAY MERITOS DEL SER HUMANO.
En consecuencia, aunque enseñamos que Dios premia nuestras buenas obras, sin embargo, a la vez enseñamos, con Agustín, que Dios no corona en nosotros nuestros méritos sino sus dones. Acordes con eso, decimos que cualquier recompensa que recibimos es gracia también, y es más gracia que recompensa, porque el bien que hacemos, lo hacemos más por la gracia de Dios que por nuestra propia fuerza, a los que Pablo dice: "... ¿qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?" (1 Corintios 4:7). Y está es la conclusión que el bendito Cipriano Mártir extrajo de este versículo: no hemos de gloriarnos en ninguna cosa en nosotros, puesto que nada es nuestro. Por tanto, condenamos a quienes defienden los méritos de los seres humanos de tal manera que invalidan la gracia de Dios.

COMENTARIO: El documento transcrito nos habla del compromiso cristiano para llevar a cabo las buenas obras, también nos dice de la finalidad de las buenas obras y que estas buenas obras si le agradan a Dios, recompensando este fruto de la fe, como don gratuito de Dios.

TRABAJO DE REFLEXION Y DISCUSION
1. ¿Cuál es la finalidad de las buenas obras?
a) ____________________________________________
b) ____________________________________________
2) ¿Por qué agradan las buenas obras a Dios?
3) ¿Cuáles son las dos actividades que tomó Dios en cuenta, al llevar a Cornelio a la fe, según Hechos 10:4 y 31.
4. Explicar qué significado tiene Apocalipsis 22:12