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El Ser de Dios (Lec. 1)

EL SER DE DIOS

No tenemos la intención de hacer un laborioso y elaborado argumento acerca de la existencia de Dios. Comenzaremos donde la Biblia comienza. La Biblia asume la existencia de Dios, y nosotros asumimos que nuestros lectores harán lo mismo. Hay tantos testigos de Su existencia que la Biblia no se esfuerza por probarla. Hay un testimonio externo en la naturaleza. "Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y la expansión denuncia la obra de sus manos" (Sal. 19:1). La voz de estos testigos ha sido escuchada en todos los lenguajes y en todos los lugares de la tierra. Es cierto que en los tiempos pasados Dios dejó a todas las naciones andar en sus propios caminos (vea Hch. 14:16). Su gracia no operó en ellos para salvación, pero al mismo tiempo, El no se dejó a sí mismo sin testimonio, ya que les hizo bien y les dio lluvias del cielo y tiempos fructíferos (Hch. 14:17). Su eterno poder y divinidad son claramente vistos por medio de las cosas visibles que El ha creado (Ro. 1:20).
Existe también el testimonio interno de la consciencia humana. "Porque los Gentiles (paganos) que no tienen ley, naturalmente haciendo lo que es de la ley, los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley a sí mismos: Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus consciencias, y acusándose y también excusándose sus pensamientos unos con otros" (Ro. 2:14-15). La voz de la naturaleza en la creación y la voz de la consciencia, proclaman fuertemente la existencia de un eterno, verdadero y viviente Dios. Y de este modo, desde una perspectiva práctica, no hay ninguna necesidad de probar la existencia de Dios.

EL ALMA SIENTE A DIOS

Una vez un hombre vio como ridícula la idea de Dios. Este hombre preguntó a su vecino cristiano si alguna vez había visto a Dios. El creyente admitió que no. enseguida el hombre le cuestionó si había alguna vez oído hablar a Dios, o alguna vez había saboreado a Dios, o si alguna vez había olido a Dios. El creyente admitió que con sus sentidos físicos él nunca había percibido o sentido a Dios, y luego cerró la boca del ateo preguntándole si él alguna vez había dicho una mentira. Y cuando él confesó que sí, el creyente fue más allá preguntándole cómo se había sentido. El hombre admitió que tenía una sensación o sentimiento de intranquilidad. Este sentimiento o sensación era el testimonio de su consciencia diciéndole que había un Dios, un dador de la ley y juez moral del universo, ante quien él tenía que rendir cuentas. Esta es la razón de por qué muchos tranquilizan sus consciencias con dinero, y otras cosas que los hombres hacen para aliviar sus consciencias y apaciguar a un Dios ofendido. Todo hombre siente a Dios en su consciencia, cuando ésta no ha sido cauterizada o endurecida de alguna otra manera. El ateo es un necio educado. No hay ateos teóricos entre los paganos. No hay ateos entre los demonios; ellos creen y tiemblan (Stg. 2:19).

EL PECADO SE ORIGINÓ EN LOS AFECTOS

Las Escrituras no razonan con el ateo, más bien lo reprueban. El necio ha dicho en su corazón, "no Dios" (Sal. 14:1, interpretación literal). El error no está tanto en el entendimiento sino en el corazón. El ateo teórico (la persona que niega la existencia de Dios) ha manipulado su mente hasta hacerla estar de acuerdo con su corazón. Este es el caso del deseo siendo el padre o el origen del pensamiento. Mientras que hay comparativamente pocos ateos teóricos, todo hombre en su estado caído natural es un ateo práctico, que no quiere al Dios verdadero. El necio del Salmo 14 y 53 es un necio típico que representa a todo hombre no regenerado. En el contexto en ambos Salmos se usa el plural: "Corrompiéronse, hicieron obras abominables; No hay quien haga bien" (Sal. 14:1; 53:1). El pecado se originó en los afectos o deseos y el entendimiento entenebrecido es uno de sus efectos debido al castigo divino. "Y como a ellos no les pareció tener a Dios en su noticia, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer lo que no conviene" (Ro. 1:28). El Dios verdadero, siendo conocido, no fue el Dios que los hombres querían. Cuando los hombres conocieron a Dios, "no le glorificaron como a Dios, ni dieron gracias; antes se desvanecieron en sus discursos y el necio corazón de ellos fue entenebrecido" (Ro. 1:21).

DEGENERACIÓN MORAL

La verdadera evolución, moralmente, toma en cuenta el pecado, y consiste en el desarrollo o desenvolvimiento (es decir, degeneración o 'des-evolución') de la naturaleza humana que aborrece al Dios verdadero. Esta es en realidad no una evolución, sino una degeneración moral. El progreso del pecado es dado en Ro. 1:18-32. Primero, los hombres suprimieron o detuvieron la verdad acerca de Dios. Ellos tuvieron la verdad acerca de Dios en el 'libro' de la naturaleza. Su eterno poder y divinidad fueron claramente revelados en las cosas que El había hecho, pero a los hombres no les gustó esta verdad. Ellos dieron la espalda a esta revelación y se volvieron a sus propios razonamientos. Segundo, ellos cambiaron la verdad de Dios en mentira, e hicieron imágenes o representaciones de Dios en forma de hombres, aves, bestias y reptiles. Hubo el Apolo de los Griegos, el águila de los romanos, el toro de los egipcios y la serpiente de los asirios. Los hombres conocieron a Dios y rehusaron adorarle, y así la idolatría siguió como una necesidad psicológica. Tercero, la idolatría fue seguida por la sensualidad. Dios los abandonó a sus afectos impuros y viles. El retiró su gracia restrictiva y permitió a la naturaleza humana caer completamente en la inmoralidad. Los versículos restantes de Romanos uno revelan las terribles cosas que hombres y mujeres harán cuando son abandonados por Dios. No solo hacen estas cosas ellos mismos, sino que se complacen viendo a otros hacer lo mismo (vers. 32). La etapa más baja en la depravación es alcanzada cuando los hombres toman placer viendo el pecado de otros.

NO HAY REVELACIÓN SALVADORA EN LA NATURALEZA

Los testimonios de Dios en la naturaleza no constituyen la luz del evangelio. Estos testimonios son suficientes para dejar a todos los hombres sin excusa, sin embargo, no son eficaces como medios de salvación. Son suficientes para hacer que los hombres conozcan que son pecadores, pero ellos nada tienen que decir acerca de un Salvador. Debe existir una revelación adicional antes que los hombres puedan conocerlo como el Perdonador de pecados. Y esta revelación en Su Palabra escrita, como un testimonio de la Palabra encarnada, Jesucristo, por el conocimiento de quien muchos serán justificados (vea Is. 53:11).

EL HOMBRE ES UN SER RELIGIOSO

El hombre es por naturaleza un ser religioso. Por aprendizaje, aparte de lo que la Biblia y el nuevo nacimiento enseñan, el hombre llegará a ser cualquiera de estas dos cosas: un ateo o un idólatra. Esto es lo mejor que la educación puede hacer separada de la gracia de Dios. Una mera cultura religiosa deifica la humanidad, niega la caída, y habla solo de un desarrollo ascendente. Esta es la religión del evolucionista. El dios del sensualista es su propio vientre; sus deseos interiores. La única ley que él reconoce es el deseo insaciable de una naturaleza depravada (Fil. 3:19). Esta es la religión de muchos impíos hombres de negocios, como de los borrachos y libertinos.
Es tan malo hacer un dios en la imaginación humana, como hacer un dios con las manos. La antigua forma de idolatría tenía sus dioses hechos con las manos; la nueva forma de idolatría tiene sus dioses como una extensión de la imaginación humana; dioses que existen solamente en la mente. El Dios no conocido sigue siendo el verdadero Dios. Los atenienses de los días de Pablo tenían monumentos para muchos dioses, y en su celo religioso tenían un monumento para el Dios no conocido. El Dios no conocido fue el Dios del cual Pablo les predicó a ellos, porque el Dios verdadero era desconocido para ellos.
Es el propósito de las siguientes páginas presentar al Dios de la Biblia en Su naturaleza y perfecciones personales. Se invita a los lectores a que prueben lo que está escrito en este libro, con lo que es revelado en las Sagradas Escrituras. Debemos orar para que el Espíritu de verdad nos guíe a Su verdad.