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El Silencio de Dios (Lec. 26)

"¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre de los que moran en la tierra? Y les fueron dadas sendas ropas blancas, y fuéles dicho que reposasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completaran sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos" (Ap. 6:10-11).

"Vendrá nuestro Dios, y no callará: Fuego consumirá delante de él, y en derredor suyo habrá tempestad grande" (Sal. 50:3).

El primero de los pasajes precedentes, nos da el clamor de las almas de los mártires que Juan vio debajo del altar en el templo celestial. Su apelación es por justicia contra sus asesinos. Esta es prueba de que el alma no reposa en un sueño inconsciente durante el estado intermedio. Estas almas están conscientes. Ellos claman para que caiga juicio sobre la tierra.

En respuesta a su clamor, ellos reciben ropas blancas, indicando que ellos están justificados en su deseo de venganza sobre los impíos. Mientras está en la tierra el creyente ora por sus enemigos, pero después de la muerte él puede orar en contra de ellos. Se les dijo a estas almas martirizadas que ellos deben reposar, hasta que el martirio de todos los otros, quienes habían de ser muertos como ellos, hubiera sido completado. Todo esto indica que esta dispensación de misericordia terminará en una encarnizada persecución del pueblo de Dios. Pareciera que hay días de martirio delante de los creyentes, como lo hubo detrás. Y nadie sabe cuándo pueda ser llamado a 'afirmar' su fe con su propia sangre. ¿Quién puede saber si en el futuro cercano, algún gobierno pudiera decretar hacernos una prueba para saber si obedeceremos a Dios o a los hombres?

El segundo texto (Sal. 50:3) es una consecuencia del anterior. Este texto señala el tiempo cuando el clamor del mártir es escuchado y la venganza es ejecutada. "Vendrá nuestro Dios, y no callará: Fuego consumirá delante de él, y en derredor suyo habrá tempestad grande". Se parece al tiempo cuando la paciencia de Dios llegue a su término, y Cristo venga en juicio, en llama de fuego a tomar venganza de aquellos que no conocieron a Dios y no obedecieron el evangelio (vea 2 Tes. 1:8).

EL PROBLEMA DE UN DIOS SILENTE

Por el silencio de Dios queremos decir que, El no está manifestándose a sí mismo abierta y públicamente como en otros días. Por el silencio de Dios queremos decir que El no está realizando milagros públicos como en la antigüedad. El diccionario Webster define un milagro como "un evento el cual no puede ser explicado como producido por alguna de las fuerzas naturales conocidas y es por lo tanto atribuido a una fuerza sobrenatural". Y por un "milagro público" queremos decir, un evento que demuestra, más allá de toda discusión, la existencia de un Dios personal. Sir Robert Anderson ha dicho que "desde los tiempos apostólicos, el dedo de Dios no ha obrado abiertamente en la tierra; nunca más ha sido testificado un milagro público, ni un solo evento público que nos obligue a la creencia de que hay un Dios después de todo".

Un cielo silente es el mayor misterio de nuestra existencia. Un cielo silente es la más grande prueba de la fe de un creyente. El ateo no cree en la posibilidad de un milagro debido a que él no cree en la existencia de un Dios personal y poderoso. El problema del creyente es la ausencia de milagros. Como creyente en un poderoso, personal y amoroso Padre celestial, él no puede comprender por qué los milagros ya no son comunes hoy en día.

Si existe un Dios, entonces ¿por qué permite que las cosas sean como son? ¿Por qué no avanza y sofoca todas las ofensas y rebeliones que cubre la faz de la tierra? ¿Por qué soporta que el impío oprima al justo? Si hay un Dios todopoderoso, ¿por qué no hace El algo? Este es el llanto desesperado de muchas madres cuyos hijos cruzan el vado y pelean en una tierra extraña. (Nota: el autor escribió estas palabras durante la segunda guerra mundial) ¿Cómo puede ser la existencia de un poderoso y bondadoso Dios, consistente con un largo período de silencio ante el rostro desafiante de sus enemigos y el clamor de su pueblo? Si hay un personal y todopoderoso Dios, ¿por qué permite que el justo sufra y el impío prospere? Ante estas cuestiones el incrédulo continúa tratando de justificarse y el creyente se llena de ansiedad y perplejidad.

En los días de Moisés Dios estaba demostrando su obra realizando milagros, ante los cuales aún los magos impíos de Egipto tuvieron que confesar: "Dedo de Dios es este" (Ex. 8:19). Y en los días del ministerio terrenal de nuestro Señor, los milagros eran comunes y no fueron disputados por sus enemigos. Los milagros de Cristo le hicieron famoso, sin embargo, no lograron convertidos genuinos. En Juan 2:23 leemos de El que: "... estando en Jerusalén en la Pascua, en el día de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Mas el mismo Jesús no se confiaba a sí mismo de ellos, porque él conocía a todos". Aquellos que creyeron debido a lo que vieron, no fueron verdaderamente convertidos.

Los milagros continuaron a través de los días de los apóstoles, pero llegaron a ser menos comunes hacia el final de Era Apostólica. El don de milagros fue soberanamente otorgado y distribuido entre los miembros de la iglesia primitiva.

NO HAY MILAGROS PÚBLICOS HOY EN DÍA

Es obvio que nosotros no tenemos milagros públicos hoy en día, al menos no en la manera inconfundible como en los tiempos antiguos. Sé que hay personas hoy en día, que pretenden ser capaces de realizar milagros de sanidad y lenguas (su reclamo es generalmente limitado a estas dos cosas), pero hay algo que manifiestamente les falta a sus así llamados milagros, es decir que sus pretensiones no están por encima de toda duda. Y cuando son investigados, hay lugar para cuestionarse, lo cual no fue el caso en los días de Cristo y de los apóstoles.

Hay un problema con el silencio de Dios. Cuando Pedro estaba encarcelado esperando para ser ejecutado, Dios envió un ángel para librarlo. Y Pablo también fue milagrosamente librado en Filipos. Pero desde aquellos días, millones de creyentes han sido martirizados, y sus ruegos por liberación no han sido contestados. Los cielos por encima de ellos han sido como de metal.

Hace mucho tiempo Faraón dijo: "¿Quién es Jehová, para que yo oiga (obedezca, de acuerdo a la VKJ) su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel" (Ex. 5:2). Dios aceptó el desafío del orgulloso monarca y demostró Su poder sobre él en juicios terribles; pero hoy en día muchos hombres desafían a Dios y hasta ridiculizan la idea de un Dios personal; y el cielo no pronuncia ni una sola palabra. Chas, Smith y otros ateos teóricos han usado toda clase de malas palabras para rechazar y difamar el cristianismo, negando a Dios, y amontonando insultos sobre la Biblia; y a pesar de todo su bombardeo Dios está silente.

UNA EXPLICACIÓN DEL SILENCIO DE DIOS

El silencio de Dios ante el desafiante rostro de sus enemigos, que le retan al combate puede ser explicado. El silencio de Dios ante el clamor de sus indefensos hijos tiene una explicación ¿Cuál es esta?

NEGATIVAMENTE RESPONDIDA:
1. Su silencio no es debido a incapacidad. El nunca se encuentra incapacitado para hacer frente a sus opositores. No hay ninguna crisis con El. "Empero si él se determina en una cosa, ¿quién lo apartará? Su alma deseó, e hizo" (Job 23:13). El es capaz de librar a Sus hijos de todo peligro. Podemos cantar llenos de fe:

"Este es el más grande tema a través de los siglos;
Este es el más grande tema para una lengua mortal;
Este es el más grande tema que el mundo jamás cantó,
Nuestro Dios es capaz de librarte".

2. Su silencio no es debido a que no tenga cuidado. El Padre celestial es el mejor y más sabio de todos los padres. El nunca comete ningún error en el cuidado de Sus hijos. Somos mandados a echar todas nuestras ansiedades sobre El, confiados en que El tomará cuidado de nosotros. Cuando nosotros clamamos a El en nuestros problemas, y El no nos concede lo que le pedimos, no debemos pensar que El no tiene cuidado. Es debido a que El tiene cuidado de nosotros que no siempre nos da lo que pedimos. El es más sabio que nosotros en lo que pedimos. Es nuestro amor e interés en nuestros propios hijos, que nos guardamos de no darles todo lo que ellos quieren. Cuando estamos enfermos y suplicamos a Dios por sanidad y El no lo hace, debemos estar seguros que es mejor para nosotros estar enfermos. Dios nos enseña en el lecho de enfermedad, aquello que no podemos aprender mientras estamos bien. Algunas lecciones son mejor aprendidas de espaldas, que de pie. La Biblia es más dulce en el cuarto de la enfermedad que en el taller. Si oramos para ser librados de nuestros enemigos y El no nos libera, es con el fin de que podamos escucharle decir: "Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos". El más grande homenaje que la maldad puede rendir a la justicia es perseguirla. Es un don el que Dios permita que suframos por causa de su nombre. C. H. Spurgeon escribió: "No debido a ninguna falta personal, sino simplemente por causa de su carácter piadoso, aquellos creyentes igual como con Daniel, son aborrecidos: Pero ellos son bendecidos por lo que pareciera ser una maldición".

3. Su silencio no es debido a que Dios no conozca las cosas. La omnisciencia de Dios es uno de los atributos más dulces para los creyentes. Uno de los Salmos más dulces de David es el 139 donde él celebra la omnisciencia de Dios: "Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos. Mi senda y mi acostarme has rodeado, y estás impuesto en todos mis caminos" (Sal. 139:1-3). Este es un buen camino para examinar mi espiritualidad. ¿Estoy contento de que Dios conozca todo acerca de mí? ¿Me hace feliz el saber que El conoce cómo odio el pecado y cómo lucho en su contra? El sabe que su pueblo tiene hambre y sed de justicia, y ha prometido saciarles con justicia. Sí, El nos llenará con bondad, porque El mismo creó esta necesidad en nosotros. Algún dulce día cada creyente será tan bueno como él quiere ser.

4. El silencio de Dios no significa que El haya dejado vacante su trono. Dios está aún en Su trono. El está aún reinando, y haciendo que todas las cosas obren, según el consejo de Su propia voluntad. Pero El no está gobernando abierta y públicamente. El está conduciendo el drama de la historia humana detrás del escenario. Su reinado es secreto más que público. El gobierna a través de la providencia y la providencia siempre es misteriosa. Sus juicios son incomprensibles e inescrutables sus caminos (vea Ro. 11:33). El dedo de Dios sigue obrando hoy en día, pero el mundo no lo puede ver. El está realizando milagros hoy en día, pero no de un carácter público.

5. El silencio de Dios no es debido a la falta de fe de parte de Su pueblo. Esta no es la razón para la ausencia de milagros públicos hoy en día. A menudo se nos dice que si el pueblo de Dios tuviera la fe de Pedro y Pablo y otros creyentes de las iglesias primitivas, los milagros serían tan comunes ahora como entonces. Nosotros no creemos esto. No estamos argumentando que ninguno de nosotros tenga la fe que debería tener, sino que esta no es la razón para la falta de milagros. Los milagros fueron limitados al tiempo del testimonio a Israel como nación, y cuando la nación fue dejada y Dios se volvió a los gentiles, entonces los milagros cesaron. Los milagros tuvieron el propósito de acreditar a Cristo ante los judíos, como su Mesías. Los milagros fueron las credenciales de Cristo ante Su pueblo Israel. Veamos un incidente para ilustrar esto: Un día un leproso vino a Cristo y le adoró, diciendo: "Señor, si tú quieres, puedes limpiarme". El Señor le sanó tocándolo, y luego le dijo que no lo dijera a nadie, sino que fuera y se mostrara a sí mismo ante un sacerdote, para testimonio a ellos, como un certificado de sanidad (vea Mt. 8:1-4). En esta manera él estaría testificando a la nación, a través del sacerdote, que había uno entre ellos que podía curar la lepra, y por lo tanto, debía ser su Mesías. A pesar de que todos los milagros probaban la presencia de su Mesías, la nación rechazó a Cristo en Su ministerio personal y en el ministerio de Sus apóstoles: Y luego los milagros públicos cesaron.

POSITIVAMENTE RESPONDIDA:

1. La naturaleza de la obra de Dios en esta época no requiere milagros públicos y abiertos. Si así fuera, podemos estar seguros de que El los realizaría. El es tan capaz de realizar milagros por la mano de sus siervos hoy en día, como cuando los realizó por la mano de los apóstoles y otros creyentes en el tiempo pasado. Este es el día de salvación, y los milagros no son necesarios para creer. Es decir, los milagros públicos no son necesarios; tal como el hombre rico estando en el hades, quiso que se realizaran cuando rogaba que Lázaro resucitara de los muertos y fuera a predicar a sus cinco hermanos, quienes permanecían en la incredulidad en este mundo. El afirmaba que si uno fuera a ellos de entre los muertos, que ellos se arrepentirían. Sin embargo, fue advertido de que si ellos rehusaban escuchar a Moisés y a los profetas; es decir, si ellos no creían a la Palabra de Dios, tampoco se persuadirían aunque alguno resucitara de entre los muertos (vea Lc. 16:27-31). La fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios (Ro. 10:17). Los milagros no son necesarios para la fe. Una mujer, apoyándose en teorías no escriturales, estaba tratando de convencer a D. F. Sebastián de la veracidad de su postura. Algo petulante ante su timidez, ella dijo: "Si usted pudiera ver lo que yo he visto, usted creería como yo". Sebastián le respondió, "si usted pudiera escuchar lo que yo he escuchado (es decir, la Palabra de Dios en la Biblia), usted creería como yo".

2. Los milagros no necesariamente prueban el amor de Dios por los pecadores. No tenemos derecho de pedir a Dios que realice milagros como una prueba de que nos ama. La mera petición de tal prueba sería incredulidad. Tenemos Su palabra de que El ama a los pecadores, y si tomamos el lugar de pecadores y confiamos en el Salvador que El ha provisto, podemos estar seguros de que El nos ama. Dios ha mostrado una amplia prueba de Su amor por los pecadores, dando a Su Hijo para morir por ellos; y realizar un milagro para tal propósito sería poner una recompensa a la incredulidad. En los días cuando fueron comunes, los milagros no salvaron a nadie. Judas vivió con Cristo y vio la mayoría de sus milagros, sin embargo, no fue salvo. Donde muchas de sus poderosas obras fueron hechas, la gente fue reprendida por su incredulidad. De la gente de Jerusalén está escrito. "Empero habiendo hecho delante de ellos tantas señales, no creían en él" (Jn. 12:37).

3. Los milagros públicos han estado generalmente asociados con juicio. Por ejemplo, los milagros de Egipto fueron milagros de juicio. Y los milagros en el futuro van a estar asociados en el juicio. Cuando Dios esté listo para juzgar este mundo impío, entonces comenzará a obrar milagrosamente. El dedo de Dios volverá a aparecer sobre la tierra. Nuestro Dios vendrá y no continuará en silencio. El se manifiesta ahora a su pueblo, ellos pueden ver su mano milagrosa en todos sus asuntos, pero Dios se oculta a sí mismo de los incrédulos. Su palabra es suficiente para satisfacer a su pueblo, y El no satisfará la curiosidad ociosa de los impíos con milagros.

4. La Biblia revela que habrá milagros de naturaleza pública durante los últimos días de esta dispensación, pero serán del diablo y no de Dios. Nuestro Señor, hablando de las señales de Su Venida, dijo que surgirían falsos Cristos y falsos profetas y que harían grandes señales y maravillas; de tal manera que, si fuera posible, engañarían aún a los escogidos (vea Mt. 24:24). La palabra usada en este pasaje como "señales", es la misma palabra comúnmente traducida como milagros. En Apocalipsis 13 leemos que el falso profeta haría grandes maravillas, tales como hacer descender fuego del cielo a la vista de los hombres, y engañará a los moradores de la tierra por medio de estos milagros. En 2 Tes. 2:9 aprendemos que el advenimiento del hombre de pecado será por obra de Satanás, con poder y señales (milagros) y prodigios mentirosos. Si hay alguien hoy en día realizando milagros, el don no es de Dios sino de Satanás, y es una señala del fin de los tiempos.

Hay un gran clamor en la religión hoy en día por lo milagroso, lo sensacional y espectacular. Y esto es debido a que la gente está harta de la Palabra de Dios. Las personas que andan en busca de los milagros como una señal o prueba de la presencia y el favor de Dios, se están poniendo a sí mismos en una buena posición para ser engañados. Porque lo que es sobrenatural no es necesariamente divino.

ESTE NO ES EL DÍA DEL JUICIO

Este es el día de salvación no el día del juicio. Este es el día de la paciencia de Dios. la única persona que tiene el derecho de juzgar en Cristo, y El está ahora sobre el trono de la gracia, esperando en amor y gracia el tiempo de Su Venida. Y cuando El rompa el silencio será para hablar en ira y entonces soltará los juicios que hundirán el mundo. Nuestro Dios vendrá y no continuará en silencio. El está en silencio ahora, en este día de gracia, tranquilo hasta el momento de la manifestación pública de sí mismo; el día viene cuando El hablará sobre ellos en Su ira y sus enemigos será puestos debajo de sus pies. El les ha hablado la última palabra de gracia y la próxima palabra que escuchan de El será su palabra de juicio y desagrado (Sal. 2).

UN CIELO SILENCIOSO

Sí, pero este no es el silencio de un Dios indefenso o derrotado. ¡Un cielo silencioso! Sí, pero este no es el silencio de un Padre insensible e indiferente. ¡Un cielo silencioso! Sí, pero este no es el silencio de un Padre que olvida a Sus hijos. Este es el silencio el cual es la promesa y la prueba de que el camino para acercarse a Dios a través de Cristo, aún está abierto para el más culpable pecador. Esta es la seguridad de que nosotros estamos todavía viviendo en el día de salvación. Cuando el creyente desmaya y el pagano se rebela; y los hombres ruegan a Dios que rompa su silencio y muestre su mano sobre la tierra, ellos apenas se dan cuenta de lo que significará. Esto significará el fin de la amnistía; esto significará el fin del reino de la gracia; esto significará el cierre del día de misericordia; esto significará el cierre de la puerta del arca de la salvación; esto significará el comienzo del día de la ira; el día de la revelación del justo juicio de Dios.

"Conociendo el temor del Señor" como dice Pablo, persuadimos a los hombres. Debido a que esta es la ira del Señor, advertimos a los hombres para que huyan de la ira que vendrá. Sabiendo que no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos, urgimos a los hombres a confiar en el Señor Jesucristo.

Dios nos ha hablado a través de su Hijo. Tenemos el mensaje acerca de su Hijo en la Biblia. Ella nos dice que la vida eterna está en Jesucristo. Ella nos dice que el Hijo fue castigado para que los pecadores no pudieran perecer. Menosprecia este mensaje y rechaza al Hijo, y cuando Dios te hable nuevamente, tú lo oirás hablándote en tono de juicio.

"Día de juicio, día de maravillas;
¡Escucha! El terrible sonido de la trompeta,
estrepitoso como un millar de truenos,
tiembla la vasta creación alrededor:
¡Cómo este llamado
confundirá el corazón de los pecadores!"

"Ve el Juez, encarnado en una naturaleza humana,
vestida en divina majestad;
tú quien anhelabas por Su aparición,
entonces dirás, 'Este Dios es mío';
Gracioso Salvador,
reconocedme en aquel día como tuyo".

"A su voz, los muertos se despertarán,
resucitarán a la vida de la tierra y del mar;
todos los poderes de la naturaleza, se sacuden
por Sus miradas, prepárate a huir:
pecador descuidado,
¿qué te vendrá entonces a ti?"

"Pero, a todos aquellos quienes han confesado,
amado y servido al Señor aquí abajo,
El les dirá, 'Venid aquí, benditos';
ustedes para siempre
conocerán mi amor y mi gloria".