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La Paciencia de Dios (Lec. 22)

La divinidad es el más estupendo y abrumador sujeto del estudio humano. La contemplación de las perfecciones divinas calentará las fibras más íntimas del corazón, a condición de que, por supuesto, seamos Sus hijos, nacidos de Su Espíritu. Dios es una persona perfectamente balanceada. Todos sus atributos obran armoniosamente para la alabanza de Su gloria. Todo hombre por razón del pecado está en alguna medida desbalanceado. El hijo pródigo es típico de todos nosotros por naturaleza, y él tuvo que volver en sí mismo antes de que pudiera decir, "Me levantaré e iré a mi padre" (Lc. 15:18). El pecado es una forma de locura, pero en la conversión llegamos a tener una mente sana. Todos los atributos de Dios están perfectamente mezclados y hacen que El sea el grande y glorioso ser que El es, y siempre será. Dios es tan grande que solo podemos estudiar una perfección o atributo a la vez.

Dios no puede ser encontrado a través de la investigación. Usted puede navegar el cielo claro y remontarse a grandes alturas y aún así no encontrar a Dios quien "extiende los cielos como una cortina" (Is. 40:22). Ustede puede navegar sobre todos los mares y circular el globo sin encontrarle, quien está sentado sobre el círculo de la tierra, y quien midió las aguas en el hueco de su mano. Usted pude estudiar los insectos y las flores y aún así, ser ignorante acerca de Dios quien los hizo. Usted puede tomar muestras de su obra e introducirlas al laboratorio para estudiarlas, sin llega a tener un conocimiento personal de El, y cabe señalar que conocerle significa vida eterna. Dios no puede ser descubierto por los sentidos físicos.

Todas las obras de Dios dan testimonio de Su existencia, pero ellas no tienen nada que decir acerca de Su carácter o perfecciones morales. Su obra nos dice que El está allí, que El es; pero no nos dice lo que El es. Dios solamente puede ser encontrado en su carácter, donde El mismo se ha revelado y esto es en Su palabra, la Biblia. Los cielos declaran su gloria y el firmamento anuncia la obra de sus manos, pero ellos no dan testimonio acerca de El como el Dador de una ley moral. En el estudio de lo que la Biblia tiene que decirnos acerca de Dios, encontramos que el atributo de la paciencia pertenece a su propia naturaleza.

DIOS SE REVELÓ A SÍ MISMO A MOISÉS

Cuando Dios dio a Moisés las tablas de la ley la segunda vez, El descendió y estuvo con él en la montaña y proclamó Su Nombre, esto es, El describió su carácter como gobernador moral. Y esto es lo que Dios dijo a Moisés; "Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad" (Ex. 34:6). Dios no se reveló a sí mismo con ninguna característica física, sino en sus perfecciones como un Espíritu. Y cuando Israel pecó murmurando en contra de Dios, y Dios amenazó con exterminarlos, y ofreció hacer de Moisés una gran nación, Moisés como un mediador típico; rogó a Dios de acuerdo al carácter con que se le había revelado en la montaña. Y esto es lo que Moisés dijo a Dios: "Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificada la fortaleza del Señor, como lo hablaste, diciendo: Jehová, tardo de ira y grande en misericordia" (Nm. 14:17-18). Dios como gobernador moral es paciente o tardo para la ira.

LARGO DE NARIZ

La paciencia de Dios es una cualidad en la naturaleza divina que hace que El sea todo en el trato con sus enemigos. Dios no se pone furioso ante la menor provocación. La palabra hebrea, la cual es traducida a veces como "paciente" y otras veces como "tardo para la ira", literalmente significa largo de nariz o de respiración. La ira es manifiesta por una rápida y violenta respiración a través de las fosas nasales, y lo opuesto es una respiración profunda, lenta y pausada; esto es la largura de respiración o lento para la ira. El bufar de los toros es emblemático de una ira apasionada. Pero en la obra del juicio, Dios no es como un toro o como un caballo encabritado impaciente por ir hacia delante. Dios no tiene prisa para castigar a sus enemigos. El no es como un dictador cruel y nervioso que tiene prisa para disparar a sus enemigos al amanecer. Dios es paciente con los rebeldes, y esta paciencia pertenece a Su naturaleza. No es necesario inventar la idea de una expiación general o universal para justificar la larga demora en el castigo de una raza impía y rebelde. El diablo, tanto como el hombre, ha desafiado a Dios por todas las edades, y aún está allí, no debido a que Cristo muriera por él, sino debido a que Dios es paciente. Dios está esperando el juicio, no porque su paciencia se acabará entonces, sino porque la humanidad habrá llenado la copa de su iniquidad. El tiempo del juicio es dejado enteramente a su soberana voluntad y no depende en ninguna manera o grado de su paciencia. El es infinito en paciencia y su juicio no será un acto de impaciencia, sino de justo juicio.

PODER DE AUTOCONTROL

La paciencia puede ser definida como el poder de Dios de autocontrolarse. Esto es lo que Moisés significó cuando dijo, te ruego que sea magnificada la fortaleza del Señor, como lo hablaste diciendo: "Jehová, tardo de ira". El gran poder de Dios puede ser visto no solo en Su control sobre sus criaturas, sino también en el poder que tiene sobre sí mismo. Dios no se pone furioso rápidamente; no pierde la cabeza o pierde los estribos. El tiene perfecto aplomo y balance. El no conoce nada de impaciencia. Su justicia, podemos estar seguros, es inexorable, pero El no tiene prisa para juzgar a sus enemigos. El espera en perfecta paciencia para vindicar Su honor y satisfacer Su justicia, Arthur W. Pink dice: "La paciencia divina el poder de control que Dios ejerce sobre sí mismo, haciéndole ser muy paciente con el impío y que detiene por tanto tiempo el castigarle". S. Charnock, uno de los más nobles de los puritanos dijo: "Los hombres que son grandes en el mundo son presurosos en sus pasiones y no están muy prestos para perdonar una injuria, o ser indulgentes con un delincuente, como uno de menor rango. Es su falta de poder sobre sí mismos, lo que les conduce a hacer cosas indecorosas al ser provocados. Un príncipe que puede sujetar sus pasiones es un rey sobre sí mismo, tanto como sobre sus súbditos. Dios es lento para la ira porque es grande en poder. El no tiene menos poder sobre sí mismo que sobre sus criaturas".

ILUSTRACIONES

Hay muchas ilustraciones de la paciencia divina en la historia bíblica, así como en los eventos que observamos cotidianamente. La paciencia divina ha sido significativamente exhibida a través de los largos siglos en que Dios ha permitido la rebelión humana y satánica.

1. Los tiempos de Noé fueron un período de paciencia divina. Estamos diciendo que la paciencia de Dios esperó en los días de Noé (1 P. 3:20). Aquellos fueron días muy impíos, pero Dios fue lento en castigarlos. Aún después de anunciar su propósito de destruir el mundo, El esperó ciento veinte años antes de enviar el diluvio. Aquellos fueron días cuando la inmoralidad sexual corrió desbocada, días cuando la advertencia divina fue ignorada; días donde se hizo burla del pregonero de justicia de Dios, no obstante, el Señor esperó para castigar debido a que es un Dios paciente.

2. Toda la dispensación del Antiguo Testamento fue una era de indulgencia divina. En Ro. 3:25 aprendemos que los pecados de aquella dispensación fueron condonados debido a la indulgencia de Dios. Es decir, los pecados de los creyentes del Antiguo Testamento fueron pasados por alto hasta que Cristo viniera e hiciera expiación por ellos. Dios no los castigó por sus pecados, debido a que El estaba esperando para castigarlos en la persona de su propio Hijo. Sus pecados fueron remitidos antes de que Cristo pagara por ellos. Esto fue como sigue: Cristo, en la eternidad pasada, siendo el fiador de todos aquellos que le fueron dados por el Padre en el pacto eterno, acordó asumir la naturaleza humana, pagar por sus deudas y de este modo satisfacer la justicia divina por sus pecados. Esto fue anunciado inmediatamente después de la caída (Gn. 3:15), pero pasaron cuatro mil años para que se cumpliera el tiempo cuando Cristo (el Fiador de un mejor pacto) viniera para obtener redención de las transgresiones hechas bajo el primer pacto (Heb. 9:15). Y todo este tiempo, fue un tiempo de paciencia o indulgencia. Dios no derramó su ira ni ejecutó su juicio sobre los pecadores debido a que El la había reservado para Su propio Hijo, el Fiador de ellos. Y mientras esperaba el Fiador por venir para que hiciera satisfacción por los pecados, El mandó el sacrificio de animales, los cuales no podían satisfacer su justicia ni deshacer el pecado.

3. El trato de Dios con faraón es otro ejemplo de Su paciencia. Pablo defiende la causa de Dios del criticismo en Su trato con faraón, diciendo: "¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notoria su potencia, soportó con mucha mansedumbre (paciencia) los vasos de ira preparados para muerte" (Ro. 9:22). La voluntad de Dios referida aquí es su voluntad de propósito. La voluntad divina de propósito respecto a los vasos de ira, es mostrar su ira y su poder en su juicio. Pero en Su paciencia Dios los soporta o los tolera hasta que por sus propios pecados ellos estén preparados para destrucción.
"Cuán frecuentemente los hombres se maravillan de que Dios soporte tanto pecado tal como aparece en el mundo. ¿Por qué Dios no corta inmediatamente a los transgresores? ¿Por qué no lo hace y termina con ellos de una vez? La respuesta es que, El los soporta para Su propia gloria, y en su condenación El será glorificado. Para la corta visión de los mortales, parecería preferible que Dios cortara en su infancia a todos aquellos que El previera que continuarían en su impiedad. Pero Dios los soporta hasta la vejez, y hasta el límite extremo de su impiedad para la gloria de Su propio nombre" (Robert Haldane).

4. El trato de Dios con Pablo ilustra su paciencia hacia "los vasos de misericordia que él ha preparado para gloria" (Ro. 9:23). Dejaremos que Pablo nos diga que: "por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habían de creer en él para vida eterna" (1 Ti. 1:16). De todos los judíos incrédulos, la conversión de Saulo de Tarso pareciera ser la más increíble, "Habiendo sido antes blasfemo y perseguidor e injuriador" (1 Ti. 1:13). Pero en el propósito de Dios él era un vaso de misericordia preparado de antemano para gloria, y en su trato con Pablo Dios dio un ejemplo o patrón de Su paciencia.

Y Pedro tiene en perspectiva estos mismos vasos de misericordia cuando explica la larga demora del retorno de nuestro Señor. Dice que no es que Dios se retrase respecto a su promesa de retorno, "el Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento" (2 P. 3:9). Ciertamente la referencia es a su voluntad de propósito que ninguno de los denominados como "nosotros" perezca. El "nosotros" de este versículo 9 es el mismo que el "amados" o "carísimos" del versículo primero, y se distingue de los "burladores" del versículo 3. Y el versículo quince da peso a esta interpretación: "Y tened por salvación la paciencia de nuestro Señor; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito también" (2 P. 3:15). Es decir, la paciencia de Dios resulta en la salvación de los vasos de misericordia. Esto es como sigue: Nosotros que ahora somos salvos, fuimos por naturaleza hijos de ira, como los demás, y necesitábamos arrepentimiento. Si Cristo hubiera regresado antes de que nosotros nos arrepintiéramos, entonces habríamos perecido. Cuando El regrese el día de salvación habrá terminado y el juicio comenzará. Si El hubiera venido hace cinco, diez o veinte años, muchos de los ahora salvados habrían perecido en sus pecados y la voluntad de Dios hubiera sido frustrada.

LA PACIENCIA DE DIOS HA SIDO GRANDEMENTE ABUSADA

El ejercicio de este atributo conduce a los hombres a pecar más abiertamente. "Porque no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos lleno para hacer mal" (Ecl. 8:11). Los hombres confunden la paciencia de Dios con su creencia en su "no existencia". Debido a que ellos pecan y después de un tiempo no pasa nada, ellos concluyen que no hay un Dador de la ley moral ante quien tengan que rendir cuentas. Un granjero pensó que había probado que no existía Dios. El seleccionó una cierta parte de tierra de su granja para un experimento. El aró la tierra un domingo, y plantó la semilla también un domingo, él realizó todo el cultivo de los días domingo y el primer domingo de octubre recogió una gran cosecha, más que ninguna otra parte de su granja. El escribió los resultados de su experimento al editor de un periódico, burlándose de cualquier idea sobre Dios. El editor contestó brevemente en las siguientes palabras: "Quiero recordarle que Dios no hace cuentas con sus enemigos el primer domingo de octubre".

Bob Ingersol pensó que él había demostrado que no había Dios cuando le desafió y le dio cinco minutos para que terminara con él. Cuando un gran predicador en Inglaterra escuchó lo que el advenedizo había hecho, contesto: "¿Piensan los caballeros de América que pueden acabar con la paciencia de Dios en cinco minutos?"

Si el creyente no comprende este atributo de la paciencia, se molestará maravillado de por qué Dios no destruye a sus enemigos y pone fin a tanta impiedad. ¡Bendito sea su nombre! El esperará en su paciencia, para que sus propósitos se cumplan, y mientras El espera, algunos están preparándose a sí mismos para destrucción, y otros están siendo preparados por su gracia para ser vasos de misericordia. Con mucha humildad podemos ambos, el escritor y el lector, decir con el poeta:

"Señor, nosotros hemos abusado de tu amor,
al complacernos mucho en el pecado,
nuestros adoloridos corazones sangran al ver,
cuán rebeldes hemos sido".