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La Soberania de Dios (Lec. 21)

"Todo lo que quiso Jehová ha hecho, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos" (Sal. 135:6). "Y nuestro Dios está en los cielos: Todo lo que quiso ha hecho" (Sal. 115:3).

Hemos estado escribiendo sin temor de los hombres. Nos hemos esforzado por escribir cada capítulo de este libro, como si el Señor estuviera personalmente presente, viendo sobre nuestros hombros y pasando juicio sobre lo que El ve. Pensamos que el lector honesto estará de acuerdo en que lo que hemos estado y estamos escribiendo, honra a Dios nuestro Creador y Dador de la ley. Estamos tratando de magnificarle a los ojos del lector y mostrar qué gran Dios tenemos, para amar y temer, para tener comunión con El y servirle.

El escritor es un bautista del estilo antiguo sin ninguna ostentación o nociones modernistas. Ha vivido en el espíritu y ha aprendido mucho de hombres tales como: Pablo, Agustín, Bunyan, Gill, Fuller, Carey, Judson, Spurgeon, Graves, Meter, Boyce, Strong, Carrol y Mullins. El es compañero con aquellos que escribieron nuestras varias Confesiones de Fe, tales como de Londres, Filadelfia y New Hampshire.

Como casi todos los hombres lo hacen, comenzamos nuestra carrera cristiana con la toga arminiana, pero con una experiencia interna que nos hizo susceptibles a las enseñanzas calvinistas. Debería ser muy conocido que hay dos y solo dos esquemas o sistemas de la gracia divina; inalterablemente opuestos uno al otro, así como mutuamente excluyentes. Los dos sistemas representan las únicas dos posibles posiciones o perspectivas de los sujetos de la gracia. Si uno está de acuerdo o no en llevar cualquiera de estos nombres, esto no altera el hecho de que es Calvinista o Arminiano en su punto de vista. El Calvinismo sostiene como verdad que la salvación es toda del Señor; el Arminianismo hace que la salvación sea el resultado de los méritos humanos. un sistema postula la gracia irresistible; el otro postula la bondad humana inherente.

Una buena manera de ubicarse o identificarse a uno mismo es ir al Webster's Unabridged Dictionary; donde los dos sistemas son expuestos con justicia. Aquí tenemos los cinco puntos del Calvinismo: Elección incondicional o Predestinación, Expiación limitada o Redención Particular, Total Depravación que hace necesaria la gracia previa, Llamamiento Eficaz o Gracia Irresistible, y Preservación o Perseverancia de los Santos. Y el escritor no tiene ninguna vacilación en sostener todos los cinco puntos. El hecho de sostener los cinco puntos no le lleva a negar la responsabilidad humana o a relajarse en su esfuerzo misionero.

Si podemos hacer un juicio por Las Confesiones de Fe o por las principales publicaciones de sus líderes, los campeones del arminianismo son los Católicos, los Metodistas, los discípulos del sr. Campbell (las llamadas Iglesias de Cristo), los Bautistas del Libre Albedrío, y muchos otros pequeños grupos.
Nota del Traductor: La mayoría de los grupos evangélicos modernos al sostener la doctrina del supuesto libre albedrío humano, se ubican como Arminianos. La Biblia enseña que los hombres tienen libre agencia, es decir, libertad para hacer lo que quieran, por supuesto en consonancia con su propia naturaleza espiritual. Y siendo que todas las facultades de la personalidad humana fueron corrompidas por la entrada del pecado (vea la comprobación textual respecto a "una mente entenebrecida" en Ef. 4:17-18, 2:1-3; respecto a las emociones o el corazón humano "de piedra" Ez. 36:26, Jer. 17:9, respecto a la voluntad esclavizada al pecado Jn. 8:34, Ro. 6:17, 20) entonces la continua inclinación de los hombres es hacia el mal y no hacia Dios. Por ello Cristo dijo: Y no queréis venir a mí para que tengáis vida"; y también "ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado por el Padre".

Asimismo, la Biblia testifica que el hombre natural no puede entender las cosas que son del Espíritu de Dios porque le parecen locura. Y Cristo declaró que nadie (debido a esta incapacidad) podía ver o entrar en el reino de los cielos, sin ser primero regenerado (lo cual no es potestativo de los hombres, sino solo de Dios. Vea Jn. 1:13, 3:6). Igualmente Pablo declaró que los hombres están cegados y no pueden ver las cosas espirituales a menos que reciban la iluminación del Espíritu Santo 2 Co. 4:4-6. Además, el albedrío o voluntad humana no actúa como una entidad independiente o soberana en la personalidad humana, siempre obedece los deseos de la mente y del corazón; es decir, nunca es libre. Por lo tanto, no sabemos cómo se atreven algunos a enseñar que la salvación dependa del hombre y de su libre albedrío. Parece que los métodos modernos de evangelismo están encaminados a obtener éxito y decisiones para Cristo, pero no personas regeneradas por la verdad de Dios. Esta enseñanza del supuesto libre albedrío es lo que guía a muchos hombres "a aplazar su decisión" hasta el último momento de su vida, como fueron enseñados a que dependen ellos, no es extraño que razonen así. Tal enseñanza del supuesto libre albedrío, se parece mucho a la voz mentirosa del enemigo en el jardín del edén, cuando dijo al hombre que no pasaría nada con la desobediencia, sino que serían como dioses "sabiendo el bien y el mal". Juzgue el lector tales enseñanzas a la luz de las Escrituras.

Juzgando con los mismos estándares, los campeones del Calvinismo son Los Bautistas misioneros, los Bautistas Primitivos, los Episcopales, los Presbiterianos, las Iglesias Reformadas y algunos otros pequeños grupos. Es indudablemente verdad que muchos predicadores en los grupos calvinistas se han separado de su fe histórica y no muchos enseñan lo que se comprometieron a enseñar. En muchos casos tienen un credo calvinista y un clero arminiano.

LA SOBERANÍA DE DIOS UNA GRAN DOCTRINA

Hace algún tiempo leímos acerca de alguien que clamaba por las "grandes doctrinas". Pues bien, la doctrina de la soberanía de Dios es una gran doctrina. Es también muy grande para nosotros aún el tratar de definirla. Pero los dos textos citados al principio del capítulo (y muchos otros) la declaran y la afirman. El Sr. Spurgeon se deleitaba en proclamar esta gran doctrina, y él podía hacerlo mejor que cualquier persona que conozcamos. El lector hará bien en leer y considerar el siguiente párrafo de la pluma del Ser. Spurgeon, llamado príncipe de los predicadores:

"No hay atributo más reconfortante para los hijos de Dios que la soberanía de Dios. Bajo las circunstancias más adversas, en medio de la prueba más severa, ellos saben que la soberanía de Dios ha ordenado estas aflicciones, que la soberanía gobierna sobre ellos, y que soberanía les santificará por completo. Por otra parte, no hay doctrina más odiada por los mundanos, ni verdad de la cual hayan hecho como una pelota de fútbol, que la gran, estupenda y sobre todo cierta, doctrina de la soberanía de Dios. Los hombres permitirán que Dios esté en cualquier parte, excepto en Su trono. Los hombres le permitirán que esté dispensando bienes y otorgando bendiciones. Le permitirán que esté en su taller ideando mundos y creando estrellas. Le permitirán que sustente la tierra y sostenga sus cimientos, que ilumine las lumbreras del cielo, que gobierne las olas del incansable mar. Pero cuando Dios asciende a Su trono, sus criaturas rechinan los dientes, y cuando nosotros proclamamos un Dios entronizado, y Su derecho de hacer lo que El quiera con lo que es Suyo, y disponer de sus criaturas como a El le parezca mejor, sin tener que consultarles; es entonces que somos abucheados y aborrecidos, y es entonces que los hombres vuelven sus oídos sordos para nosotros, porque Dios en su trono, no es el Dios que ellos aman. Pero es un Dios en Su trono el que nosotros amamos predicar y es un Dios entronizado en el que nosotros confiamos".

¡Oh que un Spurgeon alcanzara hoy a las masas con esta verdad de un Dios entronizado y el hombre humillado! Para mucha gente Dios no es más que un hombre grande con mucho pueblo y para otros ni siquiera un gran hombre. En el Antiguo Testamento leemos que Dios se quejó del Israel apóstata diciendo: "Pensabas que de cierto sería yo como tú" (Sal. 50:21). Este es el problema de hoy en día, la gente sigue pensando que Dios es también humano. Y nosotros creemos que esto explica mucho de la alarmante irreverencia del promedio de las congregaciones. Pero las Escrituras dicen: "Dios terrible en la grande congregación de los santos, y formidable sobre todos cuantos están alrededor suyo. Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú? Poderoso eres, Jehová, y tu verdad está en torno de ti. Tú tienes dominio sobre la bravura del mar: Cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas" (Sal. 89:7-9).

EL SIGNIFICADO DE SOBERANÍA

La soberanía de Dios puede ser definida como el ejercicio de su supremacía. Dios es el único ser supremo e independiente. El es el único en todo el universo que tiene el derecho y el poder de hacer en forma absoluta, lo que a El le place. "El no está sentado en un trono tambaleante o en uno prestado el cual tenga que dejar". El es El único que tiene el derecho de actuar para Su propia gloria. La soberanía de Dios significa que El hace como El le place, siempre como a El le place y únicamente como a El le place. Dios está en control de todas las cosas y de todas las personas, y está dirigiendo todas las cosas según Su voluntad y par la alabanza de Su propia gloria. Hasta permite la ira de los hombres que le alaban, y cuando ésta ya no está en conformidad con sus propósitos, entonces no la permite (vea Sal. 76:10).

No hay alternativa o puntos intermedios entre un Dios soberano absoluto y un no Dios. Cierta vez un hombre escribió que él pensaba que Dios era soberano, pero no un soberano absoluto. Una mujer también hablaba de dos seres supremos. Pero nosotros creemos en un Dios soberano cuya voluntad no está sujeta al veto de Sus criaturas. En su poema, "Dios Siempre Existirá", Albert Leonard Murray describe a Dios como un soberano:

"Ellos no pueden descascarar Su templo,
ni dinamitar Su trono;
ellos no pueden bombardear Su ciudad,
ni robarle nada de Su propiedad".

"Ellos no lo pueden tomar cautivo,
ni golpearlo para ensordecerlo y cegarlo;
ni hacerle pasar hambre para rendirlo,
ni hacerle cambiar de opinión".

"Ellos no pueden causarle pánico,
ni pueden cortarle Sus suministros;
ellos no pueden arrebatarle Su reino,
ni hacerle daño con sus mentiras".

"Aunque todo el mundo sea destrozado,
su verdad permanece igual,
sus leyes justas permanecen potentes,
y 'Padre' sigue siendo Su nombre".

"Aunque enfrentemos guerra y lucha,
y sintamos su aguijón y su vara,
sabemos por encima de toda confusión,
que Dios siempre estará allí".

LA SOBERANÍA DE DIOS EN LA CREACIÓN

Dios actuó como un Soberano en la obra de la creación. El no creó por necesidad, sino según su propio e imperial deseo. Y al crear, El fue completamente libre para crear lo que a El le plació. El no creó por causa de sus criaturas, porque las criaturas deben existir para su Creador y no el Creador para ellas. "Todas las cosas ha hecho Jehová por sí mismo, y aun al impío para el día malo" (Pr. 16:4). "Porque de él y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea gloria por siglos. Amén" (Ro. 11:36). "Señor, digno eres de recibir gloria y honra y virtud: porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron creadas" (Ap. 4:11).

LA SOBERANÍA DE DIOS EN ADMINISTRACIÓN

Dios es gobernador soberano en Su universo. El está en control de todas las cosas, de todos los hombres, de los demonios y del diablo. El gobierna todas las cosas como mejor le parece a El mismo. El no busca el consejo de nadie. El controla y dirige en la esfera de la naturaleza. Las Escrituras rara vez usan la expresión "llovió" como si la lluvia se produjera a sí misma; más bien las Escrituras hablan de que Dios envía la lluvia. (Vea Mt. 5:45, Hch. 14:17, Job 28:26).

La Biblia no atribuye a las leyes de la naturaleza la repetición de las estaciones del año; dice que Dios es quien cambia los tiempos y las estaciones (Dn. 2:21). Job no habló de su propia enfermedad como la causa de su muerte; sino que contempló a Dios y dijo: "Porque yo conozco que me reduces a la muerte; a la casa determinada a todo viviente" (Job 30:23). Frente a muchos enemigos quienes buscaban su vida, David clamó a Dios y dijo: "En tu mano están mis tiempos" (Sal. 31:15).

Han existido demostraciones de que Dios tiene control y dirige aún a las criaturas irracionales. El cerró las mandíbulas de los leones para que Daniel no fuese herido. El dirigió a los cuervos para alimentar a Elías tal como dijo que lo haría. El causó que las vacas, contrario a su instinto natural, dejaran a sus becerros y marcharan por las fronteras de Israel con el arca de Dios (vea 1 Sam. 6:1-12).

Dios también controla a los hombres, a todos los hombres, no importa si son buenos o malos, no importa si actúan individual o colectivamente. El ejerce sobre los impíos un poder restrictivo. El no les permite hacer todo lo que su naturaleza les conduciría a hacer. Dios dijo a Abimelec, "... y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases" (Gn. 20:6). Cuan frecuentemente se ha dicho que Dios no podrá infringir el libre albedrío humano. Pero, si Dios no hubiera controlado la voluntad de Abimelec, aquel rey pagano habría hecho daño a Sara. Sí, "como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová: a todo lo que quiere lo inclina" (Pr. 21:1). Dios estaba controlando y dirigiendo la voluntad de Ciro, rey de Persia, cuando éste ordenó la edificación del templo en Jerusalén (Es. 1). Dios estaba controlando y dirigiendo a Tito y su ejército en la destrucción de Jerusalén; sí, las Escrituras dicen que El llamó "Su ejército" y puso fuego a la ciudad (vea Mt. 22:7).

LA SOBERANÍA DE DIOS EN LA SALVACIÓN

Por esta frase queremos significar que Dios no se encontraba bajo la obligación de salvar a sus criaturas rebeldes. Su propósito e intención de salvar fue completamente libre, para la alabanza de la gloria de su gracia, El podría haber enviado a todos los pecadores al infierno y permanecer como absolutamente justo. La salvación no puede ser por gracia y como el pago de una deuda al mismo tiempo. "Empero al que obra, no se le cuenta el salario por merced, sino por deuda" (Ro. 4:4). La soberanía de Dios en la salvación también significa que Dios salva a quien le place. "De manera que del que quiere tiene misericordia; y al que quiere, endurece" (Ro. 9:18).

"No que yo te escogiera a ti Señor, esto no podría ser;
este corazón aún estaría rechazándote, sino que Tú me escogiste a mí".

"Tu misericordia soberana me llamó, y enseñó a mi mente despertada;
porque el mundo tenía más encanto para mí, y estaba ciego a las glorias celestiales".

LA SOBERANÍA DE DIOS EN LA SALUD FÍSICA

Nosotros creemos de todo corazón y sinceramente en la santidad divina, pero no tenemos paciencia con respecto a los hombres que toman la postura de sanadores divinos. Toda sanidad es divina, con o sin el uso de medicinas. El método usual de Dios es bendecir los medios que son usados, pero algunas veces El sana sin medicinas. Más aún, El sana a algunos y deja a otros en su cama de enfermedad, o les conduce a la muerte. (Job 30:23). El es soberano en ambas cosas, en cómo y a quién sana.

En los días de los milagros públicos, Pablo tenía el don de sanar, pero no siempre podía ejercitar ese don. En Hechos 19:10 leemos acerca de un milagro especial que Dios obró por mano de Pablo, así aquellas personas fueron sanadas de sus cuerpos por el pañuelo de Pablo; pero en 2 Ti. 4:20 leemos que él tuvo que deja enfermo a Trófimo, en Mileto. Isaías prescribió una masa de higos para la llaga de Ezequías y Dios la bendijo con su curación. Pablo prescribió un poco de vino para el pobre estómago de Timoteo.

Dios sana cómo, cuándo y a quién a El le place. Veamos la oración del creyente enfermo, "Señor si tú quieres puedes sanarme". Puede ser que Su voluntad para usted sea que esté enfermo para traerle algún bien, y para Su gloria. Puede ser Su voluntad dejar un aguijón en la carne, para la alabanza de la suficiencia de su gracia.

El orden y sustento de la creación misma descansa sobre la soberanía de Dios. Si Dios no está en control, obrando todas las cosas según el consejo de su propia voluntad, entonces una absoluta oscuridad se encuentra frente a todos nosotros.