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La Gracia de Dios 3era. parte (Lec. 15)

(Conclusión)

Prácticamente todos los cristianos profesantes dicen creer que la salvación es por gracia. Difícilmente uno puede encontrar un miembro de alguna denominación que negara sin reservas que la salvación es por gracia. La Biblia declara en forma positiva y tan frecuentemente que salvación es por gracia, que pocos hombres se atreverían audazmente a negarlo. Pero el problema estriba en que muchos piensan y hablan de la gracia en una manera tal, que acaban frustrándola. La gracia en que ellos piensan y de la cual hablan no es gracia del todo. Ella está tan mezclada con las obras y méritos humanos, que ya no es más gracia. "Y si por gracia, luego no por las obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por las obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra" (Ro. 11:6). Hay bastante de esto tanto en la literatura del Catolicismo Romano acerca de la gracia, como en la literatura Bautista, no obstante hay una gran diferencia entre lo que ambos grupos quieren significar por gracia. En los capítulos precedentes hemos visto lo que es la gracia, donde la gracia reina, así como lo que la gracia provee; y en este capítulo nos esforzaremos en mostrar:

CÓMO LA GRACIA SALVA

Antes de enfocar esta cuestión estableceremos algunos principios para razonar:
1. La salvación por gracia destruye toda posibilidad de jactancia. Ningún hombre sostiene la verdadera gracia cuando se jacta de alguna cosa que hizo, o alguna cosa que puede hacer, como la base de salvación. Si su idea de la salvación le permite alguna jactancia, entonces usted puede estar seguro que es una idea errónea. Ningún hombre puede jamás jactarse de su arrepentimiento o de su fe; porque estos son dones de la gracia de Dios. Vea Hch. 5:31, 11:38, 11:17, 1 Co. 3:5, Ef. 1:19, 1 Jn. 5:4 Todos nuestros dones son fruto del Espíritu (Ga. 5:22-23).
2. Salvación por gracia significa que Dios es quien recibe toda la alabanza por nuestra salvación. El Padre es digno de toda la alabanza por proveer un Salvador; el Hijo es digno de toda la alabanza por realizar la obra de salvación; y el Espíritu es digno de toda la alabanza por impulsar y aplicar la salvación en nosotros, a través de convencernos de pecado y trayéndonos a la fe en el Señor Jesucristo.
3. La salvación por gracia no concede una licencia para pecar. Hay dos peligros concernientes a la gracia: Uno es el peligro de frustrarla; el otro es el peligro de abusar de ella. Por un lado, frustramos la gracia cuando enseñamos que la justificación nos viene por guardar la ley. "No desecho la gracia de Dios: porque si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo" (Ga. 2:21). Y por otro, abusamos de la gracia cuando la usamos para justificar una vida de pecado. Uno es el peligro del Arminianismo y el otro es el peligro del antinomianismo. Uno pone la gracia fuera del camino, el otro usa la gracia equivocadamente.
Aquel que justifica sus pecaos en base a la idea de que no está bajo la ley, sino bajo la gracia, no tiene la gracia de Dios en él. Los hijos de la gracia aborrecen el pecado y se esfuerzan en contra de él, y cuando fallan en ello, confiesan su falta y le dan la espalda. El pecado no es el hábito ni la práctica de sus vidas. No hay pecado que él abrace en su pecho y lleve a la gloria juntamente con él. No hay un pecado que le parezca como un dulce bocado debajo de su lengua. Los hijos de la gracia tampoco se jactan de mantenerse apartados del pecado, ni se justifican a sí mismos cuando caen en el pecado.

Acercándonos a nuestra cuestión de: ¿Cómo la gracia salva? Lo veremos primero en un sentido negativo:

1. La gracia de Dios no nos salva a través de capacitarnos para guarda en forma perfecta la ley de Dios. A juicio de muchos, ésta es la manera en que ellos piensan que la gracia salva. Ellos confiesan que ningún hombre por sí mismo es capaz de guardar la ley de Dios, pero que la gracia le capacita para guardarla y de este modo la gracia le salva. Para ser lógicos y consistentes, y tener algún lugar para la gracia en su plan de salvación, éste debe ser el pensamiento de todos los que creen en la salvación a través de guardar la ley. Ahora, tenemos que admitir que si Dios erradicara todo vestigio de pecado de nuestra naturaleza pecaminosa, y causara que viviéramos sin pecado, esto sería gracia, puesto que sería un favor inmerecido de parte de Dios. Sería gracia porque sería hecho por nosotros algo que nosotros no merecemos, pero esta no es la manera en que la gracia salva, y debemos expresar nuestras objeciones a esto:
(1) Esto no sería gracia en realidad pues no satisfacerla la justicia por los pecados ya cometidos. Dios es justo tanto como lleno de gracia, pero la gracia nunca actúa en contra de la justicia. Entonces, aunque el pecador abandonara el pecado, la justicia le condenaría por los pecados cometidos en el pasado.
(2) Esto no sería gracia pues robaría a Cristo una parte en nuestra salvación. Si la gracia salva a través de hacernos impecables en carácter y conducta, entonces la salvación sería por gracia, pero separa de nuestro Señor Jesucristo, porque "... si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo" (Ga. 2:21). (Nota del Traductor: El autor no está negando que la gracia de Dios transforme el carácter y la conducta de los creyentes, más bien se refiere al hecho de que; no son las obras y frutos de la gracia en nuestra vida lo que nos salva, sino la obra de Cristo).
(3) Si la gracia salvara a través de capacitarnos para guardar la ley de Dios, entonces el Espíritu Santo sería nuestro salvador, más que Cristo. El Espíritu Santo es el administrador de la gracia interna; es por Su poder que nosotros adoramos y servimos a Dios. El Espíritu Santo a través de la Palabra, nos muestra al Salvador y lo hace precioso para nosotros; no obstante lo anterior, el Espíritu Santo no es el Salvador. En el anuncio del nacimiento del Salvador, el ángel dijo: "... y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt. 1:21).
(4) En el nuevo nacimiento la naturaleza pecaminosa no es erradicada, sino que es implantada una naturaleza nueva. En la salvación el hombre experimenta una guerra entre dos naturalezas en conflicto; "Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una a la otra, para que no hagáis lo que quisieres" (Ga. 5:17). Y Pablo dice: "Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste hago" (Ro. 7:19). Y este es el testimonio de cada verdadero hijo de Dios, que "Si dijéremos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros" (1 Jn. 1:8).

2. La gracia no salva a través de pasar por alto nuestros pecados. Si Dios no tomara en cuenta nuestros pecados, eso sería en realidad gracia, pero sería un tipo de gracia que le haría abdicar de su trono a favor de Sus enemigos. Nuestros pecados merecen un castigo, pero si Dios los pasa por alto y nunca los castiga, esto sería ciertamente gracia, puesto que sería un favor inmerecido de Dios. Pro, por las siguientes razones, ésta no es la manera en que la gracia salva:
(1) Esta no es la manera en que la gracia salva debido a que sería a expensas de la justicia. No puede haber un sacrificio de la justicia en la salvación. El pecado debe y será castigado. Si Dios pasara por alto el pecado, El mostraría gracia, pero al mismo tiempo sería injusto.
(2) Esta no es la manera en que la gracia salva pues no habría sido necesario que Cristo viniera a la tierra y muriera en la cruz. Hay perdón en Dios, pero este perdón se basa en la satisfacción de su justicia. Es decir, la gracia salva a través de satisfacer la justicia. "En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia" (Ef. 1:7).
(3) Esta no es la manera en que la gracia salva porque causaría que los hombres admiraran un atributo de Dios en menosprecio de otra de sus perfecciones. Si la gracia salvara aparte de la satisfacción de la justicia Divina, el pecador naturalmente admiraría la gracia de Dios, y al mismo tiempo menospreciaría Su justicia. Al tratar con los pecadores en una manera tal, Dios estaría poniendo un premio sobre el pecado. No pensaríamos bien de un juez humano que pasara por alto los crímenes de los hombres y los dejara en libertad. Tal tipo de juez sería menospreciado y depuesto de su lugar. Tal forma de proceder sería una invitación para que todo mundo cometiera todos los crímenes que le agradaran, puesto que estos serían pasados por alto y ningún daño le vendría al criminal. ¿Cómo podría gustarle, estimado lector, vivir en un país donde se hiciera esto?

3. La gracia no salva a través de darnos ordenanzas para guardar. Las ordenanzas o ceremonias del Señor son para todos aquellos que ya han sido salvos. Estas ordenanzas son declarativas y simbólicas; no meritorias y sacramentales. Estas ordenanzas son para los creyentes, no para el mundo. Las más terribles herejías han surgido debido a un falso concepto de las ordenanzas. Millones de hombres perdieron sus vidas debido a que no estuvieron de acuerdo con estos falsos conceptos. A continuación cito de un artículo sobre "Los sacramentos" tomado de The Roman Catolic Mass Book ("El Libro Católico Romano Sobre La Misa"), publicado por The Paulist Press, New York City:

"Los sacramentos son los medios ordinarios por los cuales la gracia de Dios es traída a un alma. Dependemos de la gracia de Dios no solo para alcanzar el cielo después de la muerte, sino para guiarnos a una vida que agrade a Dios aquí en la tierra. Lo que los vientos son para un velero, así es la gracia para nuestras almas".
"Los sacramentos son siete diferentes maneras por las cuales gracias especiales son aplicadas a nuestras almas. Ellos son todos instituidos por Cristo. Por su muerte en la cruz, nuestro Bendito Señor creó una gran reserva de gracia. De este depósito fluyen siete canales, cada uno lleva gracia de una calidad especial, y cuando necesitamos una clase particular de ayuda divina, entonces acudimos al sacramento que nos la provee. El Bautismo regenera el alma y nos hace hijos de Dios. el Bautismo tiene el efecto de lavar el pecado con el cual nacimos, así como cualquier otro pecado que hayamos cometido. La Confirmación fortalece el alma y también la capacita para pelear valientemente. La Santa Eucaristía, siendo Cristo mismo, el pan de vida, es la comida y el nutrimento de nuestras almas. La Penitencia nos trae el perdón de Dios. La Extremaunción nos concede la gracia para morir bien. Las Ordenes Santas colocan a los hombres en el digno servicio de Dios y le dan fortaleza para perseverar. El matrimonio concede la gracia al esposo y a la esposa para amarse entre ellos, y para traer a sus hijos a la gracia y al conocimiento de Dios. Durante toda nuestra vida en esta tierra, los sacramentos proveen nutrimento espiritual sin el cual es imposible para nosotros, merecer la felicidad y la gloria que Dios ha preparado para nosotros en el cielo".
¡Qué extraña mezcla de verdad y error! ¡Qué frustración de la verdadera gracia de Dios! ¡Qué horrorosa deformación de la gracia de Dios! ¡Qué parodia de la verdad! El artículo habla de una gracia que le permite a uno "merecer la felicidad y la gloria" del cielo. Ser digno de algo es lo mismo que ser merecedor de ello, significa que algo se nos debe; y lo que es reconocido como una deuda, entonces ya no es gracia. "Empero al que obra, no se le cuenta el salario por merced, sino por deuda" (Ro. 4:4). La Biblia dice que la salvación es por fe para que sea por gracia (vea Ro. 4:16). Y también dice que "por gracia sois salvos por la fe" (Ef. 2:8), y este artículo ni siquiera tiene en su contenido la palabra fe.

Ahora intentaremos dar una respuesta positiva a nuestra cuestión: ¿Cómo la gracia sala? ¿Cuál es el "modus operando" de la gracia? ¿Qué es lo que la gracia hace en la salvación?
1. La gracia nos salva de la culpa y el castigo del pecado colocándolos en Cristo. La gracia salva a través de castigar a Cristo en lugar del pecador. Cristo quitó la culpa de nuestros pecados a través del sacrificio de sí mismo (Heb. 9:26). El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero (1 P. 2:24). El murió como el Justo por los injustos, para así traerlos a Dios, esto es, a Su favor. (1 P. 3:18).
La justicia dice que mis pecados deben ser castigados, y que han sido castigados en mi Fiador, el Señor Jesucristo, el Fiador de un mejor pacto (Heb. 9:22). Fue en su gracia incomparable que el Señor Jesucristo liquidó la deuda de nuestros pecados, y solo El tendrá toda la alabanza.

"Nuestros pecados, nuestra culpa, en divino amor
confesados y llevados por ti;
la amargura, la maldición, la ira fueron tuyas,
para librar a los tuyos".

"Gracia", clamaba C.H. Spurgeon, "es todo por nada; Cristo gratuitamente, el perdón gratuito, el cielo gratuito".

2. La gracia nos salva del amor del pecado y de un entendimiento entenebrecido. Esta puede ser llamada salvación interna, y es la obra del Espíritu Santo en nosotros. En esta obra, el Espíritu Santo abre los ojos ciegos del alma para que vean la verdad del evangelio. Pablo dijo que su evangelio estaba oculto para los que se pierden, debido a que sus mentes estaban cegadas (2 Co. 4:4). La muerte de Cristo no aprovecha al hombre que vive y muere sin fe en El. Y todos los hombres viviríamos así, si el Espíritu Santo no nos hubiera dado, por su obra, la luz y la vida espiritual. Las verdades espirituales le parecen locura al hombre natural, aunque la persona sea un profesor universitario, y nadie, solo el Espíritu Santo puede hacer a un hombre espiritual.
Por naturaleza y por adiestramiento, Saulo de Tarso era un perseguir de la iglesia, un fariseo orgulloso de su propia justicia, pero la gracia forjó en él, el don de arrepentimiento y la fe. Fue la gracia quien le hizo enfermarse de sí mismo y enamorarse de Cristo. El había estado dependiendo para su salvación de sus ancestros hebreos, del rito de la circuncisión, de su ortodoxia como fariseo, de su celo como un patriota perseguidor y de su propia justicia según la ley; pero cuando la gracia la reveló a cristo en toda su dignidad, entonces él tuvo todas estas cosas como estiércol, regocijándose tan solo en la justicia que es por la fe en Cristo (vea Fil. 3:1-9).
La conversión es la obra del Espíritu Santo, y su obra en nosotros significa tanta gracia, como lo fue la obra de Cristo por nosotros en la cruz. Cristo forjó para nosotros en la cruz la liquidación de la deuda de nuestros pecados; el Espíritu Santo forjó en nosotros la convicción de pecado, y la fe en la sangre de Cristo como el solo y único remedio contra el pecado. "Gracia", citando nuevamente a C. H. Spurgeon, "es la estrella matutina y vespertina de nuestra experiencia. La gracia nos puso en el camino, nos ayuda en el camino, y nos lleva durante todo el camino".