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La Gracia de Dios 2da. parte (Lec. 14)

(Continuación)

En el capítulo anterior vimos varias definiciones de gracia por autores diversos, y añadimos nuestras propias ideas en un intento para ayudar a nuestros lectores a comprender el significado de gracia. En este capítulo deseamos conducir a nuestros lectores en varios aspectos de la gracia. Donde quiera que la gracia opera tiene un trono, así que hablaremos acerca del reino de la gracia.

EL REINO DE LA GRACIA

"Para que, de la manera que el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesucristo Señor nuestro" (Ro. 5:21). Pablo personifica el PECADO y la GRACIA y habla de ellos como dos figuras reales; como dos reyes en sus tronos. Luego pasa a mostrar lo que cada uno de estos reyes concede a sus súbditos. El pecado tiene muerte en su sucia mano, mientras que la gracia tiene vida eterna en su limpia y encantadora mano.
1. La gracia es más poderosa que el pecado. Aquí está la única esperanza del pecador, quien aunque ha sido impulsado por el Espíritu de gracia, no lo sabe. Ningún hombre puede rescatarse a sí mismo de la tiranía del pecado. El pecado es demasiado fuerte para cualquier hombre. Los hombres están bajo el control y el dominio del diablo "Y se zafen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él" (2 Ti. 2:26). Los hombres pueden reformarse, pero no pueden regenerarse a sí mismos. Ellos pueden renunciar a sus crímenes y a sus vicios, pero no pueden renunciar a sus pecados. "¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal" (Jer. 13:23).
2. La gracia reina legalmente (la gracia reina cumpliendo la ley). El reino de la gracia es un reino de justicia. La gracia no es contra la ley. La gracia no busca destruir la justicia; eso sería dividir a Dios contra sí mismo. La gracia honra la ley a través de dar a nuestro Señor Jesucristo, quien satisfizo la ley viniendo como nuestro fiador, y cargó la culpa de nuestros pecados en Su propio cuerpo en la cruz. Dios trató con su Hijo según la justicia, para poder tratar con los pecadores según su gracia.
3. La gracia reina por Jesucristo nuestro Señor. Cristo no es la fuente sino el mediador de la gracia. La gracia tiene su fuente en el corazón de Dios y opera de acuerdo con su voluntad soberana. La palabra "reina" sugiere un rey o una reina en un trono. Y un trono nos habla de poder y de muchos recursos. El poder del reino de la gracia es el poder de Dios. Esto hace apropiado que hablemos de su gracia como una gracia irresistible. ¡Ciertamente que podemos hablar de un Dios irresistible! Todos los recursos de la gracia se encuentran en Dios. La sangre del Hijo de Dios es el principal capital de la gracia. Cuando Su sangre pierda su valor, entonces la gracia vendrá a estar en bancarrota y el creyente se perderá. ¡Pero, tal cosa nunca ocurrirá!

"Tú cordero agonizante, tu preciosa sangre
nunca perderá su poder,
hasta que toda la iglesia redimida de Dios
sea salvada completamente del pecado".

4. La gracia reina en cada fase y etapa de la salvación. "Fue la gracia la que me trajo a salvo de lejos, y es la gracia la que me conducirá al hogar celestial". Salvación es un término comprensivo que incluye dentro de su ámbito todos los aspectos y etapas de la liberación del pecado. Cada aspecto y cada etapa de la salvación es por la gracia de Dios, y de este modo excluye el mérito humano en todos y cada uno de sus puntos. La salvación de principio a fin es de pura gracia.
a. La gracia reina en la presciencia. La primera cosa que Dios hizo por su pueblo fue conocerles. Es decir, en su presciencia el puso Sus afectos en ellos. (Nota del traductor: A esto se refiere el apóstol Pablo en el pasaje de Ro. 8:28 cuando dice "a los que antes conoció"; parafraseando podemos decir: "a los que antes amó"). Su presciencia implica que Dios los conoció de antemano con la intención de bendecirles. Significa que los amó con un amor eterno, y este amor fue un amor de pura gracia y en ninguna manera algo merecido.
b. La gracia reina en la elección. La elección es de gracia. "Así también aun en este tiempo han quedado un remanente por la elección de gracia" (Ro. 11:5). La elección no fue basada en los méritos previstos en los pecadores, sino en la gracia y el amor de Dios. En el capítulo dos de la Segunda Carta a los Tesalonicenses, Pablo habla de aquellos que perecen debido a que no recibieron el amor a la verdad para ser salvos; y luego exclama con referencia a los creyentes: "Mas nosotros debemos dar siempre gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salud, por la santificación del Espíritu y fe de la verdad" (2 Tes. 2:13). Tenemos dos cosas en este texto: Primero, por qué los hombres son salvados; y segundo, cómo los hombres son salvados. Dice que ellos son salvados debido a que Dios los escogió para salvación. Y ellos son salvados a través de la santificación hecha por el Espíritu, y a través de creer la verdad; la verdad del evangelio. Esto es lo que les hizo diferentes de aquellos que perecen "por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos" (2 Tes. 2:10). Es decir, de no haber sido por la elección de Dios y la santificación del Espíritu, los tesalonicenses también habrían rechazado la verdad. Por lo tanto, debemos dar gracias a Dios por su salvación. Ahora, ¿Por qué Dios los escogió? ¿Acaso Dios lo escogió en base a una fe prevista o en alguna otra cosa buena en ellos o fue por Su propia gracia? Ro. 11:5-6 nos da la respuesta: "Así también, aun en este tiempo ha quedado un remanente por la elección de gracia. Y si por gracia, luego no por las obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por las obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra".

"No que yo te escogiera a ti,
porque, Señor, esto no podría ser;
este corazón aún te rechazaría,
sino que Tú me has escogido a mí".

c. La gracia reina en la predestinación. Predestinar es determinar un destino de antemano. Nunca se dice que la predestinación sea para condenación, sino para la salvación. Dios no causa que nadie sea condenado; es el pecado lo que condena a los hombres. Pero Dios es la causa de la salvación. (Nota del Traductor: Por supuesto que la Biblia enseña acerca de la reprobación, esto no es algo que Dios desconozca o escape a su control. Vea 1 P. 2:8; Pr. 16:4; Jn. 10:26; Lc. 2:34; Mt. 11:25-26; 15:14; Ro. 9:22; 2 P. 2:8-12; Jud. 4. Pero en esta sección, el autor se refiere a que Dios no tiene necesidad, ni causa activamente (como lo hace en la salvación de los pecadores) la condenación de nadie. Juan 3:19 dice: "Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas"). La presciencia nos dice que fuimos predestinados para ser conformados a la imagen del Hijo de Dios (Ro. 8:29). ¿Por qué fueron algunos predestinados para tal gloria? ¿Acaso fue por alguna bondad o fe prevista en ellos? Ef. 1:5-6 nos dice la respuesta: "Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo a sí mismo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado".
d. La gracia reina en nuestro llamamiento. "Y a los que predestinó, a éstos también llamó..." (Ro. 8:30). La palabra "llamó" o "llamados" cuando es aplicada a los creyentes, nunca se refiere en el Nuevo Testamento a aquellos que son los recipientes de una mera invitación externa del evangelio. Siempre significa un llamamiento interno y eficaz; un llamamiento que trae a Cristo y que desemboca en salvación. Y de acuerdo a 2 Ti. 1:8 este llamamiento es en conformidad a la gracia de Dios; "Fue él quien nos salvó y nos llamó con santo llamamiento, no conforme a nuestras obras, sino conforme a su propio propósito y gracia, la cual nos fue dada en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo" (2 Ti. 1:9). Y en Ga. 1:15 Pablo vuelve a decir que Dios le llamó por Su gracia: "Mas cuando plugó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia".

"La misericordia soberana me llamó,
ésta despertó y enseñó mi mente;
el mundo me tenía encantado,
pero la gloria del cielo lo cegó".

e. La gracia reina en la justificación. La justificación puede ser definida como el acto judicial de Dios en el cual, El declara al creyente que ya no está bajo condenación, sino que está en un estado de justicia delante de El. (Nota del traductor: Lo declara justo por los méritos de Cristo). Justificación y condenación son antónimos. La persona justificada es libre de la culpa del pecado. ¿Es esta bendición un asunto de méritos o de la gracia? Romanos 3:24 dice: "Siendo justificados gratuitamente (esto quiere decir, sin ninguna causa en nosotros) por su gracia por la redención que es en Cristo Jesús".
f. La gracia reina en la conversión. En la conversión un cambio es forjado en el pecador. Hay un cambio de las tinieblas a la luz; de la muerte a la vida; y del poder de Satanás a la soberanía de Dios. Hay un cambio de opinión en el pecador, de tal modo que ahora cree lo que antes rechazaba; un cambio de afectos de tal manera que ahora ama lo que alguna vez odió. ¿Cómo explicamos un cambio tal? ¿Acaso el pecador se convirtió por sí mismo? ¿Pueden acaso las tinieblas crear la luz? ¿Puede la muerte engendrar la vida? ¿Puede la inmundicia producir la pureza? Cuando esto suceda, y solo hasta que esto suceda, el pecador podrá convertirse por sí mismo. Ahora, si Dios convierte al pecador, ¿es esto un asunto de obligación o de gracia? Pablo da a la gracia el crédito de nuestra conversión. Después de hablar de sí mismo como un perseguidor de los santos, el dice en 1 Co. 15:10 "por la gracia de Dios soy lo que soy".

"¡A tu gracia, cuán grande deudor
diariamente soy constreñido a ser!"

g. La gracia reina en la glorificación. "Y a los que justificó, a éstos también glorificó" (Ro. 8:30). La glorificación es la liberación completa de todos los aspectos y vestigios del pecado. Es la culminación de la obra de redención mediante la cual llegaremos a ser personas glorificadas y en la presencia gloriosa de Dios. Esto abarca tanto el cuerpo como nuestra alma. Nuestra salvación no está completa mientras que los restos de nuestros cuerpos, en la tumba o en vida, continúen mortales. Deje que el tiempo escriba arrugas sobre su frente; deje que las tristezas mojen de lágrimas sus mejillas; deje que las enfermedades tuerzan y torturen su cuerpo en una masa deforme; deje que la muerte lo convierta auténticamente en un montón de polvo; no obstante, aún la gracia triunfará por nosotros y lo transformará en un cuerpo glorioso como el de nuestro Señor Jesucristo. "Por eso, con la mente preparada para actuar y siendo sobrios, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traerá en la revelación (segunda venida) de Jesucristo" (1 P. 1:13). "Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes a él, porque le veremos como él es" (1 Jn. 3:2).

PROVISIONES DE GRACIA

La gracia, como en el caso del buen samaritano, no solo nos encuentra para la emergencia presente, sino que nos provee de bendiciones para el futuro y para la eternidad. Deje que se le diga al tembloroso pecador que hay abundantes provisiones de gracia en el Señor Jesucristo. Cada persona que sienta la plaga del pecado en su propio corazón, puede venir a Cristo para salvación. El da a todos una invitación de gracia y les asegura una calurosa bienvenida. Escuche sus palabras: "Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera" (Jn. 6:37). Aunque sea vil como Manasés, impuro como Magdalena, culpable como el ladrón de la cruz, El no rechazará a los pobres en espíritu. El no rechazará de su puerta a los que son realmente mendigos (pobres de espíritu), aunque estén llenos de llagas y miseria. Su corazón está de acuerdo con Su dulce compasión, y Sus manos están llenas de ricos dones. El tiene provisiones para todas las necesidades: Piernas para el pobre cojo, ojos para el ciego, fuerzas para el débil, ropa para el desnudo, una fuente para el inmundo... Sí, y una cuerda para castigar al mendigo mentiroso que pide misericordia y habla de méritos. "Palabra fiel y digna de ser recibida de todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero" (1 Ti. 1:15).

"Qué base tan firme para los santos del Señor,
es poner su fe en Su excelente palabra;
¿Qué más puede decirles El de lo que ya les ha dicho,
a ustedes que se han refugiado en Cristo Jesús?".

LA GRACIA DE DIOS ES MÚLTIPLE

Hay una gracia sustentadora para los tiempos de tristezas, gracia triunfante y poderosa para los tiempos de tentación, gracia perseverante para los días de desanimo. Hay gracia para enseñar, gracia para vivir y gracia para morir. Pero, tiempo y papel me faltarían para escribirles acerca del pecado de frustrar la gracia, enseñando la salvación por obras; y acerca del abuso de la gracia de quienes tornan la gracia de Dios en libertinaje; quienes toman la gracia como un pretexto para el pecado. La gracia ha librado a cada creyente de la culpa del pecado, del amor al pecado, y también le librará de toda presencia del pecado. Es decir, hasta que nuestro querido Señor Jesucristo vuelva para completar su obra de gracia, cada creyentes experimentará juntamente con Pablo, el conflicto interior contra el pecado, y confesará con él que: "antes lo que aborrezco, aquello hago" (Ro. 7:15).

"La gracia coronará toda obra,
por todos los días de la eternidad;
ella está en la piedra más alta en el cielo,
y bien merece la alabanza".