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La Gracia de Dios 1era. parte (Lec. 13)

Debemos darle muchas gracias a Dios por cada persona que llega a ser creyente. La salvación es de gracia tanto en su planeación como en su ejecución. Dios, quien diseñó el plan, también lo ejecuta. Y todo es de pura gracia, el inmerecido e inmerecible favor de Dios. el es tanto el arquitecto como el constructor de la casa hecha con piedras vivas. Cristo dijo: "Yo edificaré mi iglesia" (Mt. 16:18). Si pudiéramos cambiar esta figura diríamos que, Dios pone la mesa del evangelio y también da el apetito por el pan de vida. El Espíritu llena la casa del Padre a través de forzar a los invitados a entrar (vea Lc. 14:23). No se trata de un forzamiento externo, lo cual destruirá la libre agencia del hombre, sino de un impulso interior mediante el cual el pecador viene voluntariamente a Dios. Vea Sal. 110:3 y Jn. 6:44, 64-65. (Nota del traductor: La Biblia nos enseña que todo hombre es responsable ante Dios y que realiza cada uno de sus actos de sí mismo y no forzado externamente; y precisamente en eso consiste su libre agencia, en actuar por sus propios motivos y deseos. Vea en Gn. 50:20 el caso de los hermanos de José al venderlo, o en Lc. 22:22 el caso de Judas entregando a Cristo; en ambos casos los transgresores actuaron de sí mismos, nadie tuvo que forzarles o empujarles a hacer el mal que ellos mismos quisieron hacer. Así que, podemos decir que el hombre tiene libertad y actúa en conformidad con su naturaleza interior. Las Escrituras nos indican que el hombre posee una personalidad (naturaleza) caída e inclinada al mal, ya que su mente está entenebrecida, su corazón es de piedra y su voluntad está esclavizada al pecado; vea Ef. 4:18, Ez. 36:26, Ro. 6:17-18 y Jn. 8:34. Por lo tanto, su libertad es una libertad hacia el mal y su deseo es enemistad contra Dios. No obstante la incapacidad del hombre natural, la ley de Dios le sigue considerando una criatura responsable, y prueba de ello es que le juzgará con el castigo eterno si no se arrepiente. En tales condiciones, solo un milagro de la gracia soberana puede sacar al hombre de la potestad de las tinieblas a la sumisión a Cristo). Entonces, esta voluntariedad del pecador para venir a Cristo, es la obra del Espíritu Santo en el pecador provocándole un profunda convicción de pecado y dándole una revelación de Cristo como Señor y Salvador. En una palabra, los hombres creen a través de la gracia. Cuando Apolos vino a Acaya, trajo cartas de recomendación para presentarlas a los discípulos de allí, éstas mencionaban que cuando Apolos llegó allá "fue de gran provecho a los que mediante la gracia habían creído" (Hch. 18:27).
Una vez un hombre estaba jactándose de sí, como uno que se había hecho hombre por sí mismo, como un hombre autónomo. Otro que le escuchó en su alarde dijo: "Es muy noble de su parte decir eso. Muchos hombres habrían culpado a su suerte o sus mujeres, o aún echarían la responsabilidad en los hombros del Creador". Parece fácil y natural para un hombre adorar a su Hacedor; por lo tanto, el hombre que considera haberse hecho por sí mismo, el hombre autónomo, se adora naturalmente a sí mismo. En contraste, cada creyente es una obra de la gracia. Pablo, como creyente, se deleitaba en decir: "Por la gracia de Dios soy lo que soy" (1 Co. 15:10). En la experiencia de la gracia, el Espíritu Santo a través del poder convincente de la Palabra, da al pecador una visión de sí mismo. Luego alivia la angustia resultante dándole, a través del evangelio, una visión de Cristo como Señor y Salvador. Un antiguo puritano decía al respecto: ¡Oh! ¿Dónde estaría yo si no hubiera sido encontrado por Cristo?

DEFINICIONES DE GRACIA

La palabra griega "charis" ocurre en el Nuevo Testamento más de 150 veces y aparece en nuestras biblias traducida generalmente como "gracia". No es fácil tomar una palabra que aparece muchas veces y con mucha diversidad de aplicaciones, y desarrollar una doctrina que sea uniforme y consistente. Además, no se puede comprimir toda la verdad acerca de la gracia en una simple frase. La gracia es una de las perfecciones divinas o atributos en la naturaleza de Dios, la cual es ejercida en la salvación de los pecadores. Distinguidos creyentes han tratado el asunto de la gracia y se han esforzado para definirla y describirla. Consideremos cuidadosamente algunas de sus opiniones.
Dr. Dale: "Gracia es amor, un amor que va más allá de los clamores del amor". La gracia no es algo que se le deba a los pecadores, no es algo que ellos merezcan; no es algo que ellos puedan reclamar.
Alexander Whyte: "Gracia y amor son esencialmente lo mismo, solo que la gracia es amor manifestándose por sí mismo y operando bajo ciertas condiciones, y adaptándose a sí mismo a ciertas circunstancias. Por ejemplo, el amor no tiene límite o ley tal como la gracia lo tiene. El amor puede existir entre iguales o puede surgir hacia aquellos que están sobre nosotros, o puede fluir hacia aquellos que de alguna manera están por debajo de nosotros. Pero la gracia, por su propia naturaleza, tiene solo una dirección para tomar. La gracia siempre fluye hacia abajo. La gracia es en realidad amor, pero es un amor humillándose hacia criaturas indignas de ser amadas. El amor de un rey hacia sus iguales o hacia su propia casa real, es amor; pero su amor hacia sus súbditos es llamado gracia. Y es de esta manera que siempre el amor de Dios hacia los pecadores es llamado gracia". Esta cita merece leerse nuevamente.
Alexander Maclaren: "La palabra gracia es un tipo de taquigrafía para designar la suma de todas las inmerecidas bendiciones que vienen a los hombres a través de Jesucristo. Primariamente, esta palabra describe lo que nosotros, para usar una mejor expresión, llamamos una "disposición" en la naturaleza divina; y ésta significa la continua inclinación, incondicional, inmerecida, espontánea y eterna del amor perdonador de Dios. Pero no hay ninguna disposición ociosa o inactiva en Dios. Esta disposición siempre está energizada, y así la palabra se desliza de significar una disposición, a significar las manifestaciones y continua actividad de esta disposición. Entonces, la gracia de nuestro Señor es precisamente este amor en acción. Y luego, puesto que la energía divina nunca es infructuosa, la palabra va más allá, significando todas las bendiciones en el alma las cuales son consecuencias de la verdad prometida por la amorosa mano de Dios; el resultado en la vida del otorgamiento interior, el cual tiene su causa, su sola causa, en el incesante y exhaustivo amor de Dios, libre e inmerecido". Esta cita debe ser estudiada para obtener el mayor provecho de ella.
Phillips: "La gracia es algo en Dios que es el corazón de todas sus actividades redentoras, la continua y extensa disposición de Dios para inclinarse desde las alturas de Su majestad, para abrazar y tocar nuestra miseria e insignificancia".
Analizando estas definiciones y descripciones de la gracia de Dios, encontramos que la palabra es aplicada en las Escrituras a tres cosas. Primero, la actitud o disposición del amor y favor de Dios hacia los pecadores es llamada gracia. Se dice que Noé halló gracia ante los ojos del Señor (Gn. 6:8). La actitud de Dios hacia él fue una disposición de amor y favor, y puesto que Noé era un pecador, esta disposición de amor fue en realidad gracia. Segundo, cuando Dios hace algo por los pecadores, esto es gracia. "Porque por gracia habéis sido salvados" (Ef. 2:8). (Nota del traductor: El lector puede profundizar en este renglón estudiando los pasajes que hablan de la gracia común y de la gracia especial de Dios. en términos generales podemos decir que la gracia común es aquella que se refiere a todos los hombres en general (vea Mt. 5:45). La gracia especial es aquella gracia salvadora concedida al pueblo elegido de Dios, (vea Hch. 13:48, 2 Tes. 3:2).
Tercero, los efectos o frutos que la gracia forja en el creyente también son llamados gracia. Los dones o virtudes en los creyentes son producidos por la gracia de Dios que obra en ellos. Así, la disposición de los macedonios para dar "liberalmente" también es llamada gracia (vea 2 Co. 8:1). El dinero dado para los creyentes pobres de Jerusalén también es llamado gracia (vea 2 Co. 8:19). Las vidas cambiadas de las personas de Antioquía vistas por Bernabé también son llamadas la gracia de Dios (vea Hch. 11:23).

"¡Gracia! Este es un sonido encantador;
Armonioso al oído;
Que el cielo con su eco resonará,
Y toda la tierra lo escuchará!".

CÓMO ENTENDER MEJOR LA GRACIA

Quizás la mejor manera para comprender el significado de la gracia es ver cómo es contrastada en la Biblia con otras cosas:
1. La gracia es contrastada con la ley en su origen y su naturaleza. "La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo" (Jn. 1:17). Moisés fue la voz de la ley; Cristo fue el portador de la gracia. Es la naturaleza de la ley hacer demandas; pero es la naturaleza de la gracia otorgar bendiciones. La ley es un ministerio de condenación; la gracia es un ministerio de perdón. La ley coloca al hombre como culpable y alejado de Dios; la gracia trae al pecador cerca de Dios. la ley condena al mejor hombre; la gracia salva al más indigno y peor de los hombres. La ley dice "haz esto y vivirás" (Ro. 10:5); la gracia dice "cree y vive" (Jn. 5:24). La ley demanda una justicia perfecta; pero la gracia provee una justicia perfecta. La ley maldice; la gracia redime de la maldición. Mientras un hombre está bajo la ley está perdido; así también el único camino para escapar de debajo de la ley es a través de la fe en Cristo, "Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree" (Ro. 10:4). "Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia" (Ro. 6:14).
2. La gracia es contrastada con el pecado en sus resultados, en lo que produce. El pecado reina para muerte; la gracia reina para vida eterna (Ro. 5:21). El pecado toma su poder condenatorio de la ley (1 Co. 15:56); la gracia quita al pecado su poder condenatorio dando a Cristo para satisfacer las demandas de la ley (1 Co. 15:57). La única y sola fuente real de peligro proviene de la transgresión de la ley; el único y solo camino para escapar es a través de satisfacer o cumplir la ley. Cristo satisfizo la ley por su pueblo, para que la ley pudiera estar contenta con ellos.
3. En el plan de la salvación la gracia es contrastada con las obras. "Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: No por obras, para que nadie se gloríe" (Ef. 2:8-9). La salvación es por la gracia del Creador y no por las obras de la criatura. La idea de la salvación por gracia excluye la idea de cualquier obra pequeña o grande, moral o ceremonial. La salvación por gracia excluye toda jactancia y da solamente a Dios toda la alabanza.

"La gracia ideó primero el camino
para salvar al hombre rebelde;
y todos los pasos que la gracia despliega
contribuyen a la manifestación de este maravilloso plan".
4. Al considerar la causa móvil de salvación, la gracia es contrastada con una deuda u obligación. "Empero al que obra, no se le cuenta el salario por merced, sino por deuda. Mas al que no obra, pero cree en aquel que justifica al impío, la fe le es contada por justicia" (Ro. 4:4-5). El pensamiento aquí es este: Al hombre que cobra un salario por su trabajo no se le está mostrando ninguna gracia; sino que se le está pagando una deuda u obligación. No hay gracia cuando un hombre toma lo que merece o lo que ha devengado. La gracia excluye este principio de deuda u obligación. Salvación por gracia significa que Dios no está obligado a salvar a nadie. Si Dios estuviera obligado a salvar a alguien, entonces la causa móvil de salvación no sería la gracia. Fue la gracia de Dios, y no ninguna deuda u obligación bajo de la cual El estuviera, lo que causó que El proveyera la salvación para los pecadores. Bien decía Toplady: "El camino al cielo descansa no sobre un puente de peaje (cuota), sino sobre un puente libre (gratuito); así también la inmerecida gracia de Dios en Cristo Jesús. La gracia nos encuentra mendigos pero nos deja como deudores!".

LA GRACIA EN LA TRINIDAD

Las tres personas de la Divinidad están igualmente inclinadas y llenas de gracia hacia los pecadores. La gracia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo son igual en grado y extensión, pero distintas en su operación y administración.
1. El Padre es la fuente de toda gracia. El propuso la realización y el plan de la gracia. El formuló el pacto de gracia e ideó los medios "por los cuales los pobres pecadores no fueran excluidos de El". El hizo la elección por gracia de los que serían objetos de Su gracia, y venido el cumplimiento del tiempo envió a Su Hijo al mundo para ser el mediador de Su gracia.
2. El eternal Hijo es el canal de la gracia. El único camino por el cual la gracia puede enriquecer al pecador es a través del Señor Jesucristo. ¡Que no piensen los menospreciadores del Hijo de Dios que recibirán algún beneficio de la gracia de Dios! La obra del Hijo reconcilió la gracia y la justicia, como está escrito: "La misericordia y la verdad se encontraron: La justicia y la paz se besaron" (Sal. 85:10).
3. El Espíritu Santo es el administrador de la gracia. Sin la operación de la gracia del Espíritu Santo en la conversión, ningún pecador llegaría jamás a ser un beneficiario de la gracia. El Espíritu toma de las cosas de Cristo para otorgarlas al pecador. El vivifica todas las almas que el Padre escogió, y conduce a Cristo Jesús a todas las ovejas por las cuales el buen pastor puso su vida (vea Jn. 10:11). El conquista el endurecido corazón, y limpia la detestable lepra espiritual. El abre los ojos cegados y los oídos ensordecidos por el pecado. El bendito Espíritu Santo revela la gracia del Padre y aplica la gracia del Hijo.